Para mujeres

1000 Jean Patou

Jean Kerleo
Perfumista
Jean Kerleo
4,57 de 5
112 votos

Acordes principales

Descripción

Descubre la elegancia y la sofisticación que exuda "1000" de Jean Patou, una fragancia atemporal diseñada para la mujer que aprecia la esencia de la exclusividad. Desde su lanzamiento, este perfume ha capturado la esencia de la feminidad con un bouquet floral complejo y exquisito. Al atomizarla, te envuelve inicialmente con las notas seductoras de osmanto y violeta, añadiendo un toque de frescura y dulzura. Poco a poco, se revelan las capas intermedias: el aroma dulce y suavemente afrutado del chabacano se entremezcla con la opulencia de la rosa y el jazmín, mientras que el geranio aporta un contrapunto perfecto con su vibrante esencia.

En el corazón de "1000", encontrarás el lirio de los valles, que aporta una frescura inocente y renovadora. A medida que la fragancia se asienta en la piel, emergen las notas de base profundas y terrosas: el pachulí, el sándalo y el roble se unen para crear un fondo cálido y envolvente que dura horas. Esta combinación magistral de ingredientes seleccionados convierte a "1000" de Jean Patou en un perfume verdaderamente único, perfecto para ocasiones especiales o para aquellos momentos en que deseas dejar una impresión inolvidable. Su aroma es una promesa de elegancia eterna, convirtiéndola en una adición indispensable en la colección de toda mujer sofisticada.

Resumen rápido

Cuándo llevarla (votos)

  • Invierno 30%
  • Primavera 21%
  • Verano 14%
  • Otoño 34%
  • Día 41%
  • Noche 59%

Notas clave

Comunidad

112 votos

  • Positivo 90%
  • Negativo 5,4%
  • Neutral 4,5%

Pirámide olfativa

Estructura completa de la fragancia: de la salida al fondo.

Comunidad

Qué dicen los usuarios sobre propiedad, preferencia y mejor momento de uso.

Propiedad

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Características

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Longevidad

Escasa

Débil

Moderada

Duradera

Muy duradera

Estela

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Moderada

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Género

Femenino

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Precio

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Buen precio

Excelente precio

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Reseñas

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12 reseñas

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  • Aromas17

    Aunque no estoy familiarizado con la versión original conocida como 1000, me he encontrado completamente envuelto en el encanto de su sucesor el 2000, que todavía podemos encontrar en el mercado. Es sorprendente cómo este perfume logra ser tan cautivador sin esfuerzo.

    La historia de su nombre, inspirada en los mil intentos para alcanzar su creación, me parece fascinante. Este perfume es una amalgama de notas distintas que, aunque se aprecian individualmente, convergen hacia un aroma unificado; es como un idioma común entre ingredientes tan diversos, balance entre lo refinado y lo primitivo. Aunque es una versión moderna, todavía conserva esas notas terrosas, amaderadas y vegetales propias de los chypre clásicos.

    Al principio, me encuentro con una fragancia de rosa que personalmente me encanta, pero es al adentrarme más cuando descubro un tono que sugiere cuero o gamuza con un toque floral, algo que verdaderamente me asombra. Aunque revisé las notas listadas y no encontré ni cuero ni los elementos que esperaba, tal vez sea la combinación de rosa y roble, más alguna nota oscura no mencionada, la que crea este ilusivo y hermoso aroma a cuero floral. También percibo matices de varias plantas y bergamota, todos añadiendo a esa sensación de frescura terrosa que tanto me atrae desde niño.

    Este perfume reinterpreta el clásico chypre, transformando las flores en un embriagador compuesto medicinal hecho de tierra húmeda. Es una belleza andrógina, severa y fría que sin duda cautivará a los amantes de los aromas achiprados.

    Hacia el final, el patchouli se hace prominente, pero en una manera que nunca había experimentado. Se aleja del típico aroma a musgo o los patchoulis más modernos, trayendo en cambio un aroma profundo a tierra y turba, un patchouli crudo que evoca a champiñones frescos de tierra.

    1000 es una joya olvidada que claramente merece más atención. En un mundo donde muchas fragancias clásicas se han diluido en su esencia, es refrescante ver que ciertas reformulaciones como la de Patou mantienen su calidad original. Este perfume es esencial para quienes aman los aromas boscosos, terrosos, y todo aquello que recuerda a la naturaleza en su estado más puro.

    Es más que un simple gustarme; este perfume me ha cautivado por completo. Es un aroma que habla de artesanía, del amor por el trabajo manual, y de un respeto profundo por la naturaleza.

    Es un descubrimiento emocionante y a un precio increíble, considerando lo lujoso que huele. Además, su versatilidad unisex lo convierte en una opción maravillosa para todos.

    Finalmente, la reciente adquisición de Patou por LVMH trae cambios interesantes, esperando que la calidad y singularidad de 1000 se mantenga a pesar de las novedades en la industria.

  • Caballero87

    1000. Ese nombre solo evoca una historia de ensueño detrás de su creación. Es más que un perfume, es una auténtica obra maestra. La narrativa de que fueron necesarios 1000 intentos para alcanzar esta perfección podría ser simplemente eso, una narrativa. Pero nos habla del esmero, la dedicación y el amor vertido en cada gota de este aroma. Este perfume trae consigo cuentos, poesía y una rica historia que nos transporta a una era donde el arte de perfumar tenía otro significado. Creado en la transición de siglo por la casa Patou, esta fragancia se posiciona como un tributo a lo artesanal, a lo que está hecho para trascender. Su discontinuación por parte de LVMH solo hace más evidente el valor y la singularidad de poseerlo ahora, convirtiéndolo en un clásico instantáneo apenas dos décadas después de su lanzamiento.

    Al igual que con Joy, encuentro a 1000 muy adaptable a los gustos modernos a pesar de su esencia clásica. Su aroma inicia con una orquesta floral vibrante, liderada por violetas, rosas, lirios, geranios y jazmín, acompañados armoniosamente por el osmanto y el chabacano, ofreciendo un preludio menos dulce pero igualmente fascinante. Es como ser testigo de cómo estas flores, en todo su esplendor, avanzan majestuosamente hacia un baile en un salón adornado de roble y terciopelo, donde se encuentran el sándalo y el pachuli para entrelazarse de manera suave y medida. Con el transcurso de las horas, el bouquet floral cede el escenario a estos dos últimos aromas, que concluyen la sinfonía con una mezcla suavemente cadenciosa.

    Este perfume envuelve con una dulzura delicada, ofreciendo una experiencia de lujo y elegancia auténticos, sin necesidad de alardes. Incluso después de una semana, su fragancia persiste con intensidad, invitándome a disfrutar de su encanto cada vez que deseo.

    Mil gracias a esta joya, 1000 de Jean Patou.

    Hasta pronto!

  • FloralLover82
    FloralLover82

    El verano pasado, decidí darle una oportunidad a unas miniaturas de Patou para entender todo el revuelo debido al cierre de su línea de perfumería. Hablando en términos generales de la marca, aunque personalmente no encontré ningún perfume entre ellos que me convenciera completamente, es evidente que fueron creados con una dedicación particular y provienen de una época en la que se prestaba más atención al detalle en cada producto. Todos se destacan por su larga duración y capacidad de dejar huella, sin recurrir a notas chirriantes de almizcles ni a combinaciones débiles con demasiado ambroxán o iso E super. Si nos enfocamos en el perfume 1000, este comienza con una nota fresca y luminosa de osmanto y albaricoque, que tras una hora evoluciona hacia un dominante aroma de muguete. Aunque es evidente que está muy bien elaborado, debo decir que el muguete, desafortunadamente, no es de mis esencias favoritas, ya que tiende a desarrollar un olor poco agradable en mi piel. Sin embargo, para aquellos a quienes les agrade el muguete, imagino que podría ser una opción atractiva para un aroma de día, femenino y perfecto para la primavera, adecuado tanto para situaciones informales como semi formales.

    Atractivo: 5/10

    Fascinante: 4/10

    Adaptable: 6/10

    Novedoso: 7/10

  • Jeremy_854

    Cada vez que uso este perfume, me transporto a momentos pasados que parecían haberse esfumado en el aire. Es como si pudiera vivir de nuevo todas esas memorias, ver las caras de amigos que ya no están a mi lado y revivir esas noches inolvidables de juventud. Es un trozo palpable de ayer que puedo agarrar y reconstruir a mi antojo.

    El 1000 de Jean Patou es, sin duda, una joya para mí. Aunque su apariencia ahora sea más espesa y casi aceitosa, sigue siendo un invitado a explorarlo en la piel.

    Su aroma tiene ese toque de fruta que, sin caer en lo común, añade una textura suculenta. Y no puedo dejar de mencionar el equilibro floral que domina, dándole ese aire sofisticado, femenino y lujoso.

    Empieza con una bergamota dulce mezclada con notas de osmanto y albaricoque, abriendo paso a un ramillete de flores seductoras y un fondo amaderado destacando el pachulí.

    La fragancia se balancea maravillosamente, evitando caer en lo excesivamente dulce gracias al lirio del valle y el geranio.

    Es un aroma potente, casi palpable, que deja una huella inolvidable a su paso, manteniendo siempre una elegancia y poesía únicas. Es un chipre floral que se integra a tu ser, revelando su fuerza poco a poco.

    Perfecto para esos fríos nocturnos cuando quieres que tu presencia se note. Y así, me doy cuenta una vez más del encanto imbatible de los perfumes vintage.

    Simplemente es excepcional.

  • DanielaG228

    Acabo de probar un perfume que me transportó a otra época, es como sumergirse en un ambiente retro lleno de elegancia. La verdad es que no encuentro nada de ‘musgo’ en su esencia, aunque siempre escuché que debería tenerlo. Para mí, si tuviera que pintarlo, sería de un color dorado pero desgastado, no el tipo de dorado reluciente, sino uno más tranquilo, con historia.

    Al principio, me envuelve una fragancia fuerte de osmanto, me parece densa y rica, no ligera. Después, en mi piel se siente una presencia fuerte de mimosa, pero no es fresca y radiante; más bien tiene un tono sombrío, como flores que han estado en un jarrón por demasiado tiempo. Hacia el final, se suaviza hacia un aroma a talco no tan común, bastante sofisticado, definitivamente no es el aroma que elegirías para una salida casual a tomar café.

    Este perfume en particular me hizo pensar mucho en Knowing de Estée Lauder, aunque este tiene un toque más marcado de laurel que lo hace sentir un poco más intenso.

    Entre los que he tenido la oportunidad de probar con este perfil olfativo -Paloma Picasso, Knowing y 1000 de Jean Patou-, este último ha sido mi predilecto, posiblemente por el osmanto que tanto me gusta. A pesar de esto, siento que no es el perfume ideal para mí.

    En términos de duración, supera las 8 horas y tiene una estela bastante pronunciada.

  • Un nombre que encierra una leyenda. Una leyenda convertida en perfume. Una joya. Sea cierta la historia de los mil intentos para lograr el definitivo o no, lo que sí nos da es una pista sobre la calidad, el mimo, el amor y la exigencia puestos en su creación. También sobre la poesía y la historia que lo rodean. Pertenece a otra época, no por el olor, sino por esa forma de entender la vida. En pleno cambio de siglo, Patou, fiel a sus principios, sacó un perfume casi artesanal hecho para perdurar. Con la compra de Jean Patou por LVMH, esa leyenda crece: es algo único que no volverá a repetirse, un clásico inmediato. A diferencia de Joy, 1000, siendo clásico, es más llevable hoy. Es una sinfonía floral donde violeta, rosa, lirio, geranio y jazmín son escoltados por osmanto y chabacano (imagina un albaricoque menos dulce). Luego, las flores entran al salón de baile con paredes de roble y cortinas de terciopelo, bailando con sándalo y pachulí de forma pausada y dulce. A mediodía, las flores se retiran y quedan el sándalo y el pachulí mezclándose cadenciosamente. Todo tiene una dulzura suave que acaricia. Lleva 7 días en mi piel y aún lo huelo con claridad. 1000 veces gracias, Jean Patou. Au revoir!

  • Ana Fernandez

    El verano pasado me compré unas minis de Patou para ver de qué iba tanto escándalo por el cierre de su división de perfumería. Sobre la marca, digo que, pese a que ninguno me pareció agradable, se nota que están hechos con mimo y pertenecen a una época donde se ponía más cura en el producto. Todos tienen excelente duración y estela, y ninguno tiene almizcles chirriantes ni combinaciones flojas de notas que se pasen de ambroxán o iso E super. Centrándonos en el 1000, abre con un olor brillante a osmanto y albaricoque, y al cabo de una hora se transforma en una bomba de muguete. Pese a su buena ejecución, lamentablemente no es mi flor favorita ya que se vuelve rancia en mi piel. Para los que sí se llevan bien con el muguete, supongo que podría funcionar como un aroma diurno, femenino y primaveral, para ocasiones informales o semiformales. Agradable: 5/10 Interesante: 4/10 Versátil: 6/10 Original: 7/10

  • No conozco la original, pero estoy obsesionado con esta actualización de 2000 y, oye, qué maravilla. 1000, por la leyenda de los mil intentos, tiene muchas notas que van a una misma dirección: una masa donde todos hablan el mismo idioma, mitad salón civilizado, mitad instinto salvaje. Aunque es una actualización, conserva resabios de suciedad seca, amaderada y vegetal de los chypre clásicos. Primero una rosa avioletada y cerosa, pero al fondo huele a cuero o gamuza floral enmohecida. Me fascina ese trasunto de cuero floral húmedo, aunque en la ficha no haya cuero ni leches. Busqué abedul por el recuerdo de cuero ahumado y no hay. Quizás sea el castóreo, aunque no lo hay y me suele gustar menos. Puede que ese espejismo lo ofrezca la mezcla de rosa/roble (una madera fangosa) con notas graves y terrosas no listadas. Pensé en lirio, en su raíz oscura, mojada y abotijada. Creo que olí angélica, vetiver y bergamota, notas frías de barro que me fascinan. La rosa, que no soporto sola, aquí olvida a flor para regalarte acordes de crayón borracha de notas fúngicas. El mínimo dulzor viene de la violeta, con un regusto sombrío de cimbra cerrada que me encanta. 1000 es una oda al chypre de acequia y alberca. Las flores no huelen a flores, sino a emplaste medicinal con tierra húmeda. Una preciosidad andrógina, severa y fría. Al final destaca un patchulí multiplicado por mil: no el musgoso ni el neón chicletoso, sino uno húmedo, con compostura de lavanda púrpura densa, sucio y mate, como champiñones con tierra. Es una pócima sin notas dulces ni luz. Resuda picor de árbol frutal y expectorantes (osmanto y patchulí). Si alguien lo ve difícil, visualiza la violeta cremosa y floral que, enfangada en la suciedad, lo hace civilizado. Merece más ruido. Patou, junto a Joy, tiene fragancias que nadie menciona pero que mantienen calidad tras las reformulaciones, a diferencia de otros clásicos lobotomizados. Los cobran igual de caros, como si la bolsa con logo la tejieran los elfos de Rivendel. Imprescindible para amantes de lo boscoso, terroso, de flores húmedas y cueros. Solo para quienes aman los perfumes con recuerdos de cuevas y flores plomizas. Decir que me gustó es poco: me fascinó. Huele a oficios artesanos, a tierra, a algo imposible de mejorar. Son todo lo contrario a una tendencia. Huele a inteligencia y sensualidad. PD: Patou es de LVMH. Primero robaron el nombre de Joy para el último Dior. Seguro que luego resucitan la marca con Cardi B y despojan a 1000 de su nombre para un perfume de los 2010 llamado ‘1000 Neon Nights’. PD II: Pruébalo, es unisex, barato y huele a cosa cara. PD III: Podría ser perfecto una mezcla del patchulí de Villoresi con De Profundis de Lutens, entre medias recuerdos de Cuir de Lancôme.

  • Es un clásico de peso que nunca me convenció la idea de que sea ‘musgoso’, porque no huelo musgo en absoluto. Si tuviera un color, sería un dorado viejo: no brillante, sino reposado y antiguo. Empieza con un osmanto denso, casi aceitoso, y luego en mi piel domina la mimosa, pero no la viva y clara, sino oscura y decadente, como un ramo de varios días. Al final se vuelve atalcado, pero no es un talco ligero; es elegante, no para cualquier tarde de café. Me recordó mucho a Knowing de Estée Lauder, aunque aquí el laurel es muy notorio y lo hace más pesado. De los tres que he probado en este esquema (Paloma Picasso, Knowing y 1000), el de Jean Patou fue mi favorito; probablemente por el osmanto, que es una nota que adoro. Sin embargo, no es un perfume para mí. Duración 8+ horas, estela media-alta.

  • Sofia Dominguez

    Es un clásico potente de otro tiempo. Nunca me convenció que sean ‘musgosos’ porque no huelo musgo a tope. Si tuviera que darle un color, sería un dorado viejo: no brillante, sino reposado y antiguo. Empieza con un osmanto denso, casi aceitoso, y luego en mi piel siento mucha mimosa, pero no viva, sino oscura y decadente, como un ramo de varios días. Al final se vuelve atalcado, pero no es un talco ligero; es elegante, no para cualquier tarde de café. Me recordó mucho a Knowing de Estée Lauder, solo que aquí el laurel es muy notorio y lo hace más pesado. De los tres que probé de este esquema (Paloma Picasso, Knowing y 1000), el de Jean Patou fue mi favorito; probablemente por ese osmanto que tanto disfruto. Sin embargo, no es para mí. Duración 8+ horas, estela media-alta.

  • No sé la original de 1000, pero esta versión de 2000 que sigue en pie es una locura. Llamada así por leyenda porque mil intentos fallaron, huele a mil cosas que unen en una masa donde todos hablan el mismo idioma: mitad salón civilizado, mitad salvaje. Aunque es una actualización, guarda esos resabios de suciedad seca, madera y planta de los chypre clásicos. Primero sale una rosa lavanda y cerosa, pero al fondo se nota un cuero o gamuza floral, tipo Alia. Me encanta ese cuero floral enmohecido; miré la ficha y no hay cuero ni leche. Busqué abedul por el cuero ahumado y no está. Castóreo tampoco, aunque me gusta menos por ser petrolero. Quizás ese espejismo lo haga la rosa con roble, una madera muy fangosa, más notas graves y terrosas no listadas. Pensé en lirio, en su raíz oscura, mojada y abotijada. Creo que olí angélica, vetiver y bergamota, notas frías de barro que me fascinan. La rosa, que odio sola y adoro cuando deja de ser rosa para sonar a crayón infantil, está borracha de acordes fúngicos. El mínimo dulzor viene de la violeta, con un regusto sombrío de cimbra cerrada que me mata. 1000 es una oda al chypre de acequia y alberca. Las flores no huelen a flores, sino a emplaste medicinal con tierra húmeda. Una preciosidad andrógina, severa y fría que volverá loco a los amantes de lo achiprado. Al final destaca un patchouli multiplicado por mil. No es el musgoso de Eau du Soir ni el neón chicletoso de Stacy Malibú. Huele a tierra y turba con animales, húmedo, con compostura de lavanda púrpura densa, sucio y mate, como champiñones con tierra. Es una pócima sin dulzura ni luz. Resuda picor de árbol frutal y expectorantes (osmanto y patchouli) hasta el final. Si alguien dice que es difícil de llevar, visualiza la violeta: cremosa, floral, cero metálica, que enfangada en la suciedad terrosa lo hace civilizado y humano. Merece más ruido; al probarlo sabes que es de otra estirpe. Patou, grande en el pasado, tiene junto a Joy dos fragancias en enciclopedias sin que nadie les toque. Sus reformulaciones mantienen la calidad, cosa que no pasa con otros clásicos herbáceos y achiprados, los nº 19 y Miss Dior, que son zombies lobotomizados. Y los cobran igual de caros porque la bolsa pinturera con logo parece tejida a mano por elfos. Imprescindible para amantes de lo boscoso, terroso, flores húmedas, cueros, lombrices, piedras mojadas y maderas con petricor. Solo se ama si te fascinan perfumes con recuerdos de cuevas, canalones de acequia con líquenes y flores atalcadas. Decir que me gustó es poco; me fascinó. Huele a oficios artesanos, trabajos manuales, olor a tierra, algo tan bien hecho que no se puede mejorar, manos duchas en talabartería, carpintería y jardinería, y prendas perfectas sin adornos. Son todo lo contrario a una tendencia. Huele a inteligencia y sensualidad. PD. Patou es de LVMH. Primero robaron el nombre de Joy y lo pusieron en el último Dior, ese zumo rosa de jazmín amandarinado. Seguramente resucitarán Patou con Cardi B y despojarán a 1000 de su nombre para un nuevo perfume de almizcle, rosa, lavanda, pera y jazmín, llamado 1000 Neon Nights o 1000 I’m The Owner Of My Destiny, de la peor época de la perfumería, los 2010. PD II. No lo dejéis escapar, es unisex, precio estupendo y huele a cosa cara. PD III. Podría ser perfecto una mezcla del patchouli de Villoresi con De Profundis de Lutens, con recuerdos de Cuir Lancome.

  • Javier Delgado

    Los perfumes así tienen la magia de traer recuerdos lejanos, fragmentos de un tiempo que debió haberse disuelto pero que a veces está más vivo que nunca, físicamente presente y llamando mi atención. Veo grupos de nuestras noches de diversión, chicas maquilladas y elegantes, amigos perdidos en el camino. Fragmentos del pasado, sí, pero a veces tengo ganas de tocarlos, tenerlos en las manos y volver a armarlos para crear algo perfecto. El 1000 de Jean Patou es una obra de arte. El líquido de mi frasco vintage (mitad de los 90) se ha vuelto denso, casi oleoso, e invita a probarlo en piel. Siento fruta que, afortunadamente, no da una connotación frutal precisa, sino que lo hace redondo y carnoso. Luego hay una armonía floral perfecta que hace la composición importante, muy femenina y opulenta. Después de un inicio con bergamota dulce, osmanto y albaricoque, pasa a un derroche de flores sensuales y polvorientas sobre madera con un pachuli en evidencia. Las flores se complementan con lirio de los valles y geranio; este último evita que sea demasiado dulce. Poderoso, casi carnal, deja una sublime estela. Sigue siendo muy chic en mi piel y poético. Un chipre floral que no revela todo su poder de golpe, sino que crece y te atrapa mientras se funde con tu piel. Un aroma muy lleno, ideal para una noche fría cuando quieres ser notado sin titubeos. Entiendo ahora por qué el poder de un vintage es inalcanzable… Excelente.