Para hombres
Andros Parera
Acordes principales
Descripción
Descubre la esencia del mar y la frescura infinita con Andros Parera, un perfume que captura la esencia pura y revitalizante de las notas acuosas. Este aroma, ideal para aquellos que buscan reflejar una imagen de libertad y serenidad, te transporta instantáneamente a la vastedad del océano con cada atomización. Su composición se inspira en la tranquilidad del agua, lo que lo convierte en la elección perfecta para el hombre moderno y aventurero que desea llevar consigo la frescura y la limpieza del mar en su día a día.
La singularidad de Andros Parera radica en su habilidad para combinar la sutileza con la fuerza del agua en movimiento, creando una fragancia que es a la vez suave y poderosa. Ideal para usar en cualquier momento, esta fragancia se adapta perfectamente ya sea para una jornada de trabajo o una escapada de fin de semana. Su aroma, que evoca la refrescante brisa marina, se ha convertido en un imprescindible para el hombre que valora la elegancia y la frescura en su expresión más pura.
Si buscas un perfume que te acompañe y refleje tu gusto por la aventura y la libertad, Andros Parera con sus notas acuosas es la elección perfecta. Déjate llevar por su olor a mar y conviértelo en tu sello personal.
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Definitivamente hoy tuve una experiencia única con el perfume Andros, que se supone sería ‘acuática’. Honestamente, me esperaba sentir el océano pero, ¿quizás el Mar Negro en su día más misterioso? La verdad, me recordó a esas colonias clásicas de los años 80, con ese distintivo aroma a jabón, mezclado con lavanda, toques verdes y un poco de resinas, muy al estilo de los perfumes icónicos como Pour Homme de Van Cleef, Xeryus y, por supuesto, el elegante Antaeus de Chanel. Aunque tenía mis reservas, este perfume me ha dejado gratamente sorprendido; esperaba algo menos impresionante y resultó ser bastante agradable. Diría que, para estar descatalogado, sorprende con un aroma más auténtico que muchas de las reformulaciones actuales de otros perfumes famosos. Eso sí, a primera vista podría parecer poco complejo y no muy dinámico en su evolución. En cuanto al precio, lo encuentro bastante accesible. Para los amantes de este estilo de fragancias, creo que Andros es una excelente elección. Aunque fue promocionada como una esencia ‘acuática’, terminó siendo para mí un fougere aromático muy de época.
Aquel fin de año estaba lleno de aventuras, y mi curiosidad me llevó a una casa olvidada en el campo, rodeada de misterio y con la historia de una repentina partida marcada por rumores de sectas. El frío se mezclaba con el silencio, interrumpido ocasionalmente por la naturaleza. Mientras explorábamos, encontré un perfume, Andros de Parera, un hallazgo increíble en medio del caos y el abandono. A pesar de las reglas no escritas de no tomar nada, su aroma me cautivó, y decidí guardar aquel tesoro. Ese gesto marcó el inicio de uno de mis años más desafiantes, enfrentando el fin de una relación larga y luchando contra el vacío que dejó. Pero también fue el comienzo de mi reconstrucción personal, donde Andros se convirtió en mi compañero constante, apoyándome en mis esfuerzos por mejorar, adoptar una vida más saludable, y buscar la felicidad en nuevas aficiones y retos. Su aroma, oscuro y fuerte inicialmente, luego tranquilo y reservado, fue un reflejo de mi transformación, inspirándome a ser más firme, concentrado y a enfrentar la vida con determinación. Pasando los meses, ese perfume estuvo conmigo en cada paso hacia adelante, y aunque hoy en día lo uso esporádicamente, sigue recordándome la importancia de la constancia y el crecimiento personal. Ese primer frasco de Andros no solo me rescató de mi ruina emocional, sino que también me ayudó a reconstruirme, demostrando que todos somos capaces de superar cualquier adversidad.
Hola, escribo desde Lima-Perú. Quedé cautivado con las reseñas que leí aquí, especialmente con una que parecía sacada de un libro de Cortázar (¡un aplauso para Bofifa por eso!). Eso me motivó finalmente a ir por ella. Así que en Julio de 2018, caminando por una callecita donde venden productos de belleza en el centro de la ciudad, me topé con una oferta: dos botellas de 100 ml por solo 10 dólares. La verdad, el precio era tan bajo que hasta me generó sospechas, pero decidí darle una oportunidad. Pronto les compartiré qué tal me fue con esta compra.
La tuve la oportunidad de olerla recientemente (aclaro, no la compré). Imaginen por un momento abrir una botella de Ginger Ale bien agitada: esa mezcla efervescente y refrescante de cítricos y jengibre es la primera impresión que Andros deja. Y aunque se dice que las comparaciones son odiosas, no puedo evitar mencionar que relacionarlo con aromas clásicos como VC&A pour homme, Xeryus, o Anteus, es como comparar un antiguo Lada Niva con un moderno Bugatti, simplemente porque ambos son coches. En cuanto a su clasificación de Aromático-Acuático, me hace pensar en el olor único de una piscina limón y abedul, que luego da paso a notas más refinadas: un halo de citronela, toques de bergamota, un poco de lavanda, posiblemente neroli, y un toque sutilmente aciruelado que le añade un giro interesante. Al final, descubro un aroma levemente resinoso que lo ancla bien. Debo admitir que su durabilidad es notable. Es el tipo de perfume ideal para esas mañanas estivales post-ducha, cuando buscas una fragancia sencilla pero con carácter. Para ser honesto, no tenía grandes expectativas debido a su precio, pero me ha sorprendido gratamente. Es un fougere aceptable, especialmente para aquellos a quienes les atraen las fragancias de este estilo, pese a que los fougeres ya no sean tan populares como antes.
Honestamente, pienso que cada uno tiene una forma única de ver las cosas, especialmente cuando se trata de aromas. Personalmente, hay fragancias que simplemente me transportan; este perfume en particular me trae recuerdos del clásico Santos de Cartier. Utilizar este perfume, Andros, es como envolverte en una esencia puramente masculina desde el primer momento. No le encuentro mucho de acuático, pero después de llevarlo puesto por un rato, me sorprenden notas que me recuerdan al chocolate o cacao, combinadas con ámbar, pimienta y flores, todo presentado de una manera natural y con una calidad excepcional que se distancia completamente de las creaciones sintéticas a las que muchas marcas nos han acostumbrado recientemente. En mi opinión, es una de las propuestas más destacadas de la vieja escuela española, una verdadera joya para aquellos que se atrevan a probar algo completamente diferente a lo que es tendencia actualmente. Mi agradecimiento es inmenso hacia Bofifa y Josesan por darme la oportunidad de vivir esta experiencia tan única, de soñar despierto con las muestras que me han enviado.
Simplemente tengo que hablar de esta esencia que se me quedó grabada en la memoria. Desde chico, la asociaba con alguien a quien admiraba mucho: el jefe de mi papá. Aunque era un joven de apenas 14 años, no pude resistirme a adquirirla. Me enamoré tanto de su aroma que pasé por varios frascos hasta que, lamentablemente, la tienda donde solía comprarla cerró. Por suerte, encontré otra botella en un pequeño comercio local; aunque ya no la usaba como antes, de vez en cuando la abría solo para recordar ese olor que tanto significaba para mí. Ese último frasco, de color negro y sorpresivamente asequible, se convirtió en un tesoro que perdí con el tiempo. Incluso recuerdo el anuncio, al que una melodía griega le daba un toque especial. Cómo me gustaría encontrar una fragancia actual que se le asemeje, ¡la compraría enseguida!
Descubrí un tesoro de los 80… Recientemente tuve el gusto de comprar una botella de este perfume icónico y la verdad es que no podría estar más contento con mi elección.
Andros me parece un aroma fresco, con un toque limpio y fuerte, pero sin llegar a ser abrumador. A pesar de las descripciones, no le encuentro ese lado acuático que algunos mencionan.
Este perfume me trae a la memoria olores de aquel entonces, algo que otras personas también han notado. Me recuerda un poco a Halston 1-12, e incluso el aroma residual tiene cierta similitud con Ted Lapidus Pour Homme, en tanto que ambos tienen ese matiz de limpieza que es bastante cautivador.
Sobre su duración, me ha sorprendido gratamente, especialmente considerando que en su tiempo era una opción bastante accesible. Si tienen la oportunidad de probarlo, se los recomiendo ampliamente.
Andros de Parera se convirtió en una alternativa popular al Antaeus de Chanel durante la década de los ochenta en España, accesible para aquellos que no podían permitirse Chanel o que ni siquiera estaban familiarizados con la marca.
Realmente, Andros se merece reconocimiento como una opción considerable.
Parera creó fragancias masculinas impresionantes, incluyendo Varon Dandy y Andros.
Dejando de lado la categorización de ‘Aromática Acuática’ que le han dado, este perfume realmente abraza la esencia de lo oriental, con un toque amaderado y especiado.
Hay rumores que sugieren su lanzamiento en 1987, aunque personalmente creo que apareció en escena un poco antes, quizás alrededor de 1981, cerca del lanzamiento de Antaeus.
Parera, al igual que Gal y Myrurgia, mantuvo un perfil bajo en cuanto a publicidad, pero siempre con un compromiso palpable hacia la calidad y la integridad.
Su publicidad nos remitía a la imagen de un sirtaki bailado sobre la cubierta de un yate, algo muy del estilo playboy de los años setenta que podría haber sido adoptado por figuras como Gunter Sachs o Patrick Gilles, perfectamente alineado con el estilo y la personalidad potente del perfume.
El perfume habla de una transformación cultural, recordando a Brigitte Bardot, desde su época con Serge Gainsbourg hasta su presente con Bernard d’Ormale, señalando cómo cambian los tiempos.
Andros proyectaba un aire cosmopolita, sofisticado y marcadamente masculino. A los españoles que lo llevaban en los ochenta les atraía su accesibilidad económica, su amplia disponibilidad, y su atractivo aroma sin necesidad de conocer toda su historia.
El perfume contaba con una fascinante combinación oriental de rosa, jazmín, cuero y pimienta, que personalmente me resulta irresistible. Emula esa sensación de un verano repleto de aventuras y momentos inolvidables.
La base de Andros era fuerte, con esencias rescatadas del Mediterráneo que daban masculinidad a sus notas orientales. El pachulí en Andros, en particular, era de una profundidad y misterio incomparables, evocando sensualidad y deseo.
Andros era sensualidad pura, ideal para noches intensas que combinaban coñac, tabaco, y la liberación de pasiones.
Era el complemento perfecto de una mujer en Opium, con un aire de elegancia y misterio, preparados ambos para una noche de baile y seducción bajo la luna.
Carlos24 menciona que este es un perfume con una vibra totalmente clásica de los años 80, el cual te deja con ese distintivo aroma a frescura y limpieza. Sin embargo, señala que encontrarlo en su país se ha convertido en todo un desafío, igual que otros icónicos como Varón Dandy y Royal Regiment. Carlos recalca que estos perfumes son esenciales para cualquier amante o coleccionista de fragancias tradicionales.
Bufff… una de mis favoritas de todos los tiempos. La usaba el jefe de mi padre cuando tenía catorce años y la compré porque me encantaba, aunque quizás no era para mi edad. Gasté varios botes; el último lo compré en una tiendecita de barrio tras el cierre de Parera, y hasta hace poco rodaba en casa de mi madre, solo para olerla. Aquel frasco negro, barato y maravilloso, me acuerdo del anuncio con la música griega. Me gustaría saber si hay algo hoy parecido; lo compraría sin dudarlo.
Es verdad que cada uno tiene su gusto, pero esos aromas me emocionan, es una maravilla que me recuerda al Santos de Cartier. Bañarse con Andros es oler a macho sin titubear. De acuático, tiene poco; después de una hora noto sensaciones gourmand como chocolate o cacao, mezcladas con ámbar y pimienta, todo en forma natural, con calidad y mimo, lejos de los sintéticos actuales. Una de las mejores propuestas españolas de vieja escuela, una joya para quien tenga la valentía de vestirla, muy diferente a lo que se usa hoy. Agradezco a Bofifa y Josesan la oportunidad de soñar con los ojos abiertos enviándome las muestras.
Una maravilla ochentera. Tuve la suerte de comprar un frasco y no me arrepiento. Andros es limpia, jabonosa y potente, pero sin atosigar, y no huele nada acuática como dicen en Fragrantica. Evoca recuerdos de otros clásicos de la época, añadiría Halston 1-12 y tal vez el secado recuerda a Ted Lapidus Pour Homme por ese punto jabonoso de fondo. El rendimiento era francamente bueno para ser un perfume barato de entonces. Si tienen la oportunidad, no se arrepentirán.
Soy de Lima, Perú, y leer las reseñas (especialmente la del usuario Bofifa, una joya digna de Cortázar, ¡felicitaciones!) me despertó la curiosidad de comprarla. Hoy, julio de 2018, pasé por una calle del centro llena de proveedores de perfumes y la venden en dos frascos de 100 ml por 10 dólares, lo cual me pareció una ganga tan buena que me dio desconfianza, pero veremos qué encuentro y espero contaros mi opinión.
Considero que ANDROS de PARERA fue el sustituto de ANTAEUS de CHANEL para la mayoría de los españoles de los 80, que no podían comprar Chanel ni sabían qué era. Y voto a Bríos, un digno sustituto. PARERA hizo perfumes masculinos maravillosos, como VARON DANDY y este ANDROS. Olvídense de la ficha que dice ‘Aromática Acuática’ y asómense al mundo profundo de los Orientales Achiprados Amaderados y Especiados, porque de todo tiene. Dicen que salió en 1987, pero yo diría que fue antes, cerca del 81 de Antaeus. De autor desconocido, como casi todo lo de Parera, Gal y Myrurgia, llevaba un bagaje de honestidad difícil de encontrar hoy. Su publicidad mostraba un sirtaki en un yate, entre ibicenco y mykónico, muy en la línea de esos playboys que se casaban con Brigitte Bardot, experta collectionneuse rohmeriana con toque Gainsbourg. Desde Gunter Sachs hasta Patrick Gilles, cualquiera podría haberlo usado, porque le pegaba y era powerhouse. ¡Pobre Brigitte, quién te ha visto y quién te ve! Pasar del malote Gainsbourg al actual Bernard d’Ormale. ¡Ay de aquella bendita que grababa Je t’aime, moi non plus a la actual anciana xenófoba! ¡Sic transit gloria mundi! ANDROS era cosmopolita, sofisticado y masculino. Los españoles de los 80 no sospechaban nada, simplemente lo llevaban porque estaba en los supermercados a buen precio, se anunciaba mucho y olía bien. ANDROS tenía su parte Oriental en una mezcla untuosa de rosa, jazmín, cuero y pimienta. Con esas notas me derrito. Si llevabas ANDROS, podría decirte “Sé lo que hiciste el último verano”. Estaba unido a veranos de playas tórridas y pecados absueltos, condiciones necesarias del Teorema del Estío. O carrera que no te das, en el cuerpo se te queda. Era un Chipre potente a base de durisilva mediterránea, destilada en Creta, donde la jara, el tomillo, la sabina y el lentisco masculinizaban esos efluvios orientales aterciopelados y florales. Y tenía uno de los pachoulis más misteriosos y profundos que recuerdo. Un dulzor terroso, húmico, denso, sensual y libidinoso. ANDROS era un perfume sexual, de noches de coñac y tabaco rubio, sudor sobre piel quemada y camisas abiertas en torsos velludos. Era el compañero ideal de una mujer OPIUM con turbante, traje de seda, labios rojos y pestañas interminables, en un aquelarre primigénico donde se confundían perfume y pasión.
Clásico puro de los 80, huele a limpio y es un must para cualquier coleccionista. Lástima que hoy sea difícil de pillar, igual que el Varón Dandy o el Royal Regiment Sun; sin duda, son tesoros que no pueden faltar en tu estantería.
La probé hoy sin comprarla. Imaginad una botella de Ginger Ale bien agitada y destapada: explosión de cítricos, jengibre y gas. Así es la salida de Andros. No quiero sonar arrogante al criticar a otros foristas, pero comparar esto con Xeryus, Anteus o VC&A Pour Homme es como decir que un Lada Niva del 82 es igual a un Bugatti porque ambos tienen cuatro ruedas. Dicen que huele a piscina con cáscaras de limón y hojas de abedul flotando. Cuando se va esa nube inicial de cloro, alcohol y limón chillón, empieza la buena parte: buen sillage de citronella, bergamota, un poco de lavanda, quizás neroli, y un toque aciruelado que le da personalidad. Al final, algo resinoso le da estabilidad. Dura bastante, lo reconozco. Ideal para una mañana de verano recién duchado, sin querer saturarse de aromas complejos. No esperaba mucho por el precio, pero tiene lo suyo: un fougere aceptable para quien le guste, aunque en esta época se consideren anticuados.
Para muchos españoles de los 80, Andros de Parera fue el sustituto perfecto de Antaeus de Chanel, algo que muchos ni siquiera conocían. Parera hizo perfumes masculinos increíbles, como este y el Varón Dandy. Olvídate de esa descripción acuática de las fichas; aquí hay un mundo oriental, amaderado y especiado. Dicen que salió en 1987, pero yo diría que fue antes, cerca del 81 como el Antaeus. Llevaba un autor desconocido con un bagaje de honestidad raro hoy en día. La publicidad nos mostraba un sirtaki en un yate, ibicenco y mykoniano, muy a lo playboy de los 70. Cualquiera desde Sachs hasta Gilles podría haberlo usado, es un powerhouse. Pobre Brigitte, quién te ha visto y quién te ve. Andros era cosmopolita, sofisticado y masculino. Los españoles que lo usaban no sospechaban nada, lo llevaban porque estaba en los súper, se anunciaba y olía bien. Tenía esa mezcla untuosa de rosa, jazmín, cuero y pimienta. Si lo llevabas, te diría que sé lo que hiciste el último verano. Era un Chipre potente, destilado en Creta, donde la jara y el tomillo masculinizan esos efluvios florales. Tenía uno de los pachoulis más misteriosos que recuerdo, dulce, terroso y sensual. Era un perfume sexual, de noches de coñac y tabaco rubio, sudor y camisas abiertas. El compañero ideal para una mujer con turbante y traje de seda, labios rojos y ojos azulados. Cuerpos danzantes bajo la luna, donde se confundía el perfume con la pasión.
Un clásico de los 80, olor a limpio. Lástima que en mi país ahora sea difícil de encontrar, igual que el varón Dandy y el Royal Regiment Sun. Sin duda, son clásicos que ningún coleccionista o fan de la perfumería puede dejar de tener.
Nos metimos en una casa abandonada el último día del año, perdida en el campo y olvidada veinte años. Hacía frío y solo el viento rompía el silencio. Rumores decían que la familia huyó por una secta. En la planta baja, la sala gélida nos recibió; un rayo de sol iluminaba una muñeca de trapo en una hamaca, mientras el polvo flotaba sobre todo, cubriendo incluso la piel de cabra del suelo. Había licores antiguos, una TV enorme, cubertería de plata y porcelana muda. Subimos a la oscuridad con linternas: un despacho con papeles, una caja fuerte, imágenes de la Virgen y rosarios por el suelo, junto a libros de arquitectura y economía. En un cajón, fotos sepia y una cajita de balas. Habitaciones con ropa vieja, chaquetas y zapatos; otra con pósters de motociclismo y una revista de videojuegos abierta, como si el chico esperara volver. En la última, cajas de ropa y artículos de aseo tirados: peines, jabones, cremas. Mi linterna iluminó una cajita oscura con letras elegantes: “Andros de Parera”. Lo saqué, estaba nuevo. Aunque la norma no escrita dice no llevarse nada, mi afición por los perfumes me hizo robarlo. Fue el peor comienzo de año de mi vida: la persona de cinco años me dijo que era hora de dejarlo. Nuestra relación estaba tan desgastada como esa cazadora de polipiel en el armario: solo un cascarón vacío. Me sentí amputado, en caída libre, tapándome los oídos al doloroso eco interior. Pero no caí en la autodestrucción. Surgió una convicción: reconstruirme, tirar adelante. Pura supervivencia. Durante meses, gasté ese frasco de 240 ml. Fue un periodo de orgullo por el esfuerzo contra el derrumbe de mi vida. Trabajé como nunca, hice cursos, busqué gente nueva y viví sano. Cuando mi cabeza daba vueltas al pasado o la pena me agarraba, reseteaba y me enfocaba en lo que me gustaba. Andros estuvo conmigo: oscuro y recio, con salida tipo V&A Pour Homme, luego discreto y calmado. Tenía seriedad, responsabilidad, “seamos adultos”, y un secado romántico y asertivo. Era un Antaeus humilde, simplificado pero querido. El perfume de “pongámonos a trabajar, no pierdo tiempo”. Acentuó mi carácter y me fue genial. Seco, breve, apaciguado y con cuerpo, lo usé para perfumar mi alma. Cuando acabé el frasco, con otra vida, busqué otra botella que uso poco. Me recuerda que cualquiera puede todo y la constancia es vital. Le tengo gran cariño a Andros. Me gusta pensar que aquel frasco me agradeció haberlo sacado de la ruina y me ayudó a dar color a la ruina en la que yo me había convertido.
Andros ‘acuático’… Creo que hubo un error. Hoy lo compré y no siento nada acuático. Quizás del Mar Negro, jaja. En mi opinión, es una fragancia típica de los 80, tipo enjabonado, con lavanda, notas verdes y resinas. Combina cosas de perfumes más notables como Pour Homme de Van Cleef, Xeryus o la sofisticada Antaeus de Chanel. Aunque esperaba poco, me llevé una sorpresa: pensé que sería peor y resultó buena. Creo que, al estar descatalogada, huele más natural que muchas reformulaciones de otras famosas. Los contras son a primera vista: no es muy compleja, menos interesante y parece progresar poco. En precio no es muy cara. Si os gusta el género, es una buena compra. Me parece un fougère aromático.