Para mujeres
Carmen Victorio & Lucchino
Acordes principales
Descripción
Descubre en nuestra tienda online el encanto y la elegancia que Carmen de Victorio & Lucchino aportará a tu esencia diaria. Esta fragancia se caracteriza por ser un fiel reflejo de la feminidad y la sensualidad, gracias a su delicada pero profunda combinación de notas.
Al primer contacto, Carmen te envuelve con la frescura de la magnolia, una nota de salida que introduce un aire de misterio y pureza. Rápidamente, el corazón de la fragancia se revela a través de la flor de azahar del naranjo, un ingrediente que evoca los cálidos atardeceres de verano y que aporta un toque de dulzura sin igual. Por último, el jazmín, como nota de fondo, asegura una atomización duradera que deja un rastro inolvidable. Este ingrediente, conocido por su intensidad y lujo, sella la fragancia con una profundidad que cautiva y atrae.
Carmen de Victorio & Lucchino es más que un perfume. Es una declaración de intenciones, un accesorio invisible que completa cualquier look y estado de ánimo. Ideal para la mujer moderna que busca añadir un toque de sofisticación y elegancia a su presencia. Invitamos a descubrir y dejarse llevar por esta fragancia única, disponible ahora en nuestro catálogo.
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No me gustó, es demasiado intenso. Definitivamente, no es para mí.
Leí por ahí que el diseño del envase de Carmen se inspiró en las famosas joyas encontradas en el Tesoro del Carambolo, que se remontan a los tiempos fenicios y tartesios, allá por los siglos V y VI A.C. Estas piezas únicas se descubrieron cerca de Sevilla en 1958. Parece que los primeros perfumes que sacó V&L eran todo un proyecto ambicioso antes de que la marca se viniera abajo y sus creadores tuvieran que echar mano de las fragancias y las licencias para salvar los muebles. Carmen realmente se esforzaba por ir más allá del cliché de lo ‘español’, y otros perfumes como Abril y Sur seguían la línea, cada uno con su propia esencia. Además, Carmen y Abril tuvieron a Penélope Cruz como imagen antes de que ella se fuera a conquistar Hollywood y quedara encasillada en ciertos roles.
Recuerdo Carmen como aquel aroma que te golpeaba con una intensidad floral casi abrumadora, como si te sumergieras en un campo de magnolias y jazmines que brillaban con una luz propia, casi radioactiva, y un toque cítrico que te hacía parpadear más de lo normal. Tenía ese aire de rebelión juvenil, de aquellos tiempos vibrantes de los noventa en España, cuando nos sentíamos en la cima del mundo. Lo encontré por casualidad en una tienda, años después de su desaparición, y no pude resistirme a revivir ese flashback olfativo. Lo regalé a mi abuela y ella no pudo estar más encantada, fue como devolverle un pedazo de aquellos días de juventud. A pesar de las críticas hacia su artificialidad, para mí Carmen fue un ícono, un reflejo de alegría y feminidad sin complejos. Era un perfume que capturó el espíritu de una época en la que España se reinventaba y soñaba en grande. Y aunque hoy en día nuestras narices puedan estar acostumbradas a fragancias más sutiles y con matices más complejos, creo que Carmen, en su máxima expresión floral y vibrante, hubiera encontrado un lugar especial en el tocador de cualquier mujer de su tiempo. Es más, diría que Victorio & Lucchino, con sus creaciones como Carmen, supieron encarnar el espíritu de los noventa con una maestría que hoy se echa en falta. Si alguna vez te topas con un frasco de Carmen, no dudes en probarlo; es como abrir una pequeña cápsula del tiempo y oler el espíritu de una era.
No me gustó, lo único que me agradó fue el diseño del tapón.
Me sorprende que, a pesar de haber sido top en ventas durante su tiempo, no haya tantas opiniones como esperaba. Claro, si buscas en inglés, encontrarás un montón de gente que lo recuerda cariñosamente como un regalo típico de sus viajes a España. Y, como no podía ser de otra manera, todos los comentarios son positivos. Este perfume definitivamente te generaba amor u odio, no había término medio. Y aunque con justa razón, no era el tipo de fragancia con la que te podías exceder al aplicar, porque su potente aroma podría abrumar a cualquiera que estuviera cerca. A pesar de lo que sugiere su nombre, para mí evocaba más una sensación de formalidad y de ‘sofisticación limpia’. Aún siendo un adolescente, no dudaba en usar un poco del frasquito de mi madre, aunque nunca recibí un cumplido directo, solo preguntas como ‘¿te has puesto perfume?’ acompañadas de miradas curiosas, ¡ja! Su esencia tenía esa mezcla entre dulce y amargo, parecido a lo que pasa con las naranjas o el té de jazmín si lo dejas reposar demasiado tiempo. Su aroma era muy seco, con un toque de jabón, recordándome a esas pastillas de jabón verde de Heno de Pravia, que a muchos les podría oler a ‘abuela limpia’, pero a mí, personalmente, me fascinaba.
Este perfume siempre me recuerda a mi madre; era su elección predilecta antes de que desapareciera de las estanterías españolas. Viene en un envase precioso y, sin duda, es de una marca de calidad. Personalmente, encuentro su aroma excesivamente dulce para mi gusto, por lo que no lo usaría regularmente. Sin embargo, cada vez que lo huelo, me transporta a momentos felices compartidos con mi madre.
Este perfume es una verdadera joya, tiene un toque dulce y enigmático que me recuerda mucho al aroma de los productos de YVES ROCHER. Hubo una temporada en la que mi prima lo usaba constantemente y, la verdad, le quedaba increíble. Realmente espero poder conseguir uno para mí porque me tiene enamorada.
He decidido hacer un viaje en el tiempo y revivir los clásicos, y con motivo del día del Carmen, me pareció perfecto rescatar un set de Carmen de Victorio & Lucchino, un regalo ideal que siempre traía una sonrisa a las caras de mi madre y mi hermana. Recordé aquellos días en los 90, en 1995 para ser precisos, cuando este perfume irrumpió en el mercado. Me trajo recuerdos de las festividades, cuando regalar Carmen era un acierto seguro, especialmente porque era querido por muchas mujeres de mi generación y además, su precio era bastante accesible. Los recuerdos de las empleadas de perfumería envolviendo regalos a toda velocidad también vinieron a mi mente, una clara indicación de los buenos tiempos para el sector del perfume.
La esencia de Carmen, más que una fragancia, se convirtió en una parte importante de la cultura de perfume española, gracias a su enorme éxito en ventas. Fue un logro de los diseñadores Victorio & Lucchino y producido por Puig en Barcelona, con Rosendo Mateu a la cabeza de su creación. Este perfume es un entramado de magnolia, azahar y un jazmín que lejos de ser ordinario, es una interpretación artística, incluso mítica. La botella, inspirada en la civilización de Tartessos en Andalucía, podría hoy considerarse una reliquia valiosa, magnífica en su diseño y con una fragancia que eclipsaría a muchas otras de precios mucho más elevados. Así, Carmen no solo es un regalo perfecto sino también un pedacito de historia de España.
Honestamente, este perfume no fue para mí una buena elección. Me dejé llevar por la primera impresión sin probarlo adecuadamente y es un error que lamento. La presentación me atrajo mucho, sin embargo, tras usarlo la primera vez, supe que no iba a ser mi favorito. La esencia me pareció bastante pesada, sin sutileza y con una intensidad que personalmente encontré desagradable. Intenté darle varias oportunidades, pero al final no soportaba siquiera tenerlo como ambientador en el baño. Definitivamente no era lo mío, aunque entiendo que habrá quien lo aprecie.
El perfume Carmen es increíblemente potente, definitivamente algo que una mujer con carácter llevaría. Recuerdo que mi madre lo usaba, y la verdad, aunque era bastante fuerte, no estaba mal en absoluto.
Es una lástima que ya no esté disponible; era el favorito de mi mamá, y yo siempre acababa usándolo también. Al final, me lo terminó regalando, y ella encontró uno nuevo que le gustaba. Fue el primer perfume que realmente me encantó, y es la razón por la que ahora prefiero los aromas intensos. Daría cualquier cosa por hallar uno similar.
Hace tiempo, me topé con este perfume mientras compraba en El Corte Inglés, y sinceramente, no me llevé una buena impresión. Desde ese momento, decidí que nunca lo adquiriría. Una experiencia similar me ocurrió con otro aroma de Victorio y Lucchino, llamado Abril. Esto me lleva a pensar que no es coincidencia, pues usualmente encuentro algo de agrado en la mayoría de los perfumes, pero estos dos simplemente no fueron para mí.
Una verdadera pena que la descatalogaran, la usaba mi madre y yo siempre se la pedía, al final me la regaló y ella se pasó a Abril, fue mi primer perfume y por el me gustan los perfumes intensos. Me muero por encontrar alguno parecido.
Era el perfume favorito de mi madre hasta que dejaron de venderlo, al menos en España. El frasco era muy bonito y la marca es buena, pero el perfume me resulta muy dulzón. Yo no me lo pondría, pero me recuerda a mi madre y me trae buenos recuerdos.
Era el perfume favorito de mi madre hasta que dejaron de venderlo, al menos en España. El frasco era bonito y la marca buena, pero el perfume me resulta muy dulzón. Yo no me lo pondría, pero me recuerda a mi madre y me trae buenos recuerdos.
Me trae recuerdos de una época muy feliz
Fue el primer perfume de verdad que me regaló mi padre, un aromazo fresco floral para inspirarse todo el rato. Qué pena no poder comprarlo desde Chile… si pudiera, lo compraría ya. Perfumazo, botella azul como el mar mediterráneo y caja mandarina con bordes dorados, parece un regalo para una reina.
Terrible, fortísimo. No es para mí.
Esta fragancia forma parte de los errores perfumísticos de mi vida. La compré buscando algo duradero y no hice la prueba de rigor de dejarlo en la piel. Solo lo olí. Mal hecho. El frasco era atractivo, pero nada más estrenarlo supe que no íbamos lejos. Me resultaba vulgar, desequilibrado, de carácter abusivo y demasiado vehemente. Un perfume “gritón”, hasta diría que con palabras malsonantes. Asfixiante y tóxico. Le di muchas oportunidades pero acabó de ambientador de baño… y lo tiré antes de acabarlo porque ni para eso me gustó. Para mí, va de retro. Obviamente es mi opinión, a otros les encantará.
Carmen es una bomba de proyección, un perfume de señora con S, mi madre lo usó, no me parecía nada mal, muy intenso eso sí.
Carmen: el floral blanco más artificial que he oído nunca. Notas de magnolia radioactiva y jazmín cítrico que te daban mareos. El final tenía un toque de laca cremosa muy molesto. Me encantaba, en los 90 fue la colonia femenina más regalada en España. Hace tres años encontré un frasco en un Mercadona, ya descatalogada. Lo abrí, me intoxicó su artificialidad floral y se lo regalé a mi abuela, que se puso más feliz que una perdiz. A mí me da rabia que Carmen ya no exista. No era tan malo como lo pintan. Era un perfume alegre, jovial y muy femenino como solo podían serlo esos años, cuando España creyó ser la reina del mambo tras la Expo y las Olimpiadas. Este perfume representaba eso, una idealización de la mujer española de los 90, guapa pero natural, femenina pero trabajadora, y sobre todo alegre. En Carmen no había nada tenebroso, era todo luz. Quizás los florales tan intensos no sean populares hoy, preferimos perfumes con más matices, pero cuando salió cualquier mujer lo usaba encantada como si tuviera un tesoro. Con los años y la situación de la casa de costura, los perfumes Victorio & Lucchino pasaron a ser irrelevantes, aunque tenían su legión de seguidoras y supieron captar su tiempo. Este Carmen pasional (el frasco me sigue pareciendo precioso, con ese juego de colores y formas bizantinas), Abril, que era un floral almizclado más natural e intelectual, o incluso Sur, que pasó sin pena ni gloria y era una oda a la higuera empalagosísima y unisex que hoy echo de menos. Si veis un frasco de Carmen a buen precio no dudéis en comprarlo, es un pedacito de época embotellado.
Carmen, una bomba de proyección, un perfume de señora con S, mi madre lo usó, no me parecía nada mal, muy intenso eso sí.
Horrible, la mayor expresión de la palabra.
Nunca tuve ni quise este perfume… Solo recuerdo que lo probé en el Corte Inglés hace años y me olió fatal. Me dije a mí misma que jamás me lo compraría. Lo mismo me pasó con Abril, ambos de Victorio y Lucchino, no es casualidad, siempre fue así con estos dos. Siempre pienso que los perfumes más o menos huelen bien, te pueden gustar más o menos, pero con estos dos no pude.
Nunca compré este perfume ni lo quise, solo recuerdo que lo probé en el Corte Inglés hace años y me olió fatal. Me dije a mí misma que jamás lo compraría. Me pasó igual con Abril, ambos de Victorio y Lucchino, así que no es casualidad, solo me ha pasado con estos dos. Siempre pienso que los perfumes más o menos huelen bien y te pueden gustar más o menos, pero con estos dos no pude.
Qué pena que la descatalogaran, la usaba mi madre y yo siempre se la pedía, al final me la regaló y ella se pasó a Abril, fue mi primer perfume y por el me gustan los perfumes intensos. Mi vida buscando uno parecido. 🙁
Horrible, en la mayor expresión de la palabra.
Me resulta curioso que siendo uno de los más vendidos en su época no haya más comentarios. En la versión en inglés sí, muchos regalos o recuerdos de vacaciones en España. Creo que es un perfume extremo, o lo amabas o lo odiabas, no dejaba indiferente, y no era nada para ‘bañarse’ en él, pues su estela y duración eran enormes y podrías llegar a matar al que pasara al lado. A pesar de su nombre, el aroma, al menos a mí, evocaba seriedad y ‘puro limpio’. Aún así, siendo adolescente, no dudaba en pillar el frasquito de mi madre, nunca oí que me dijeran lo bien que olía (cosa que sí pasaba con su hermanita Abril), pero sí: ‘te has puesto perfume?’ seguida de caras raras. Su aroma era entre dulce y amargo, como las naranjas o el té de jazmín cuando lo dejas más tiempo reposando. Un aroma muy seco, jabonoso, me recordaba a la pastilla verde de Heno de Pravia, que para muchos olerá a abuelita limpia, sí, pero a mí me encantaba.
Me resulta curioso que a pesar de ser uno de los más vendidos en su época no haya más comentarios. En la versión en inglés sí, muchos regalos o recuerdos de vacaciones, y opiniones buenas. Creo que es un perfume extremo, o lo amabas o lo odiabas, no dejaba indiferente, y por supuesto no era nada para ‘bañarse’ en él, pues su estela y duración eran enormes y podrías llegar a asfixiar al que pasara al lado. A pesar de su nombre, el aroma, al menos a mí, me evocaba todo lo contrario: seriedad y ‘puro limpio’. Aún así, siendo adolescente, no dudaba en pillar el frasquito de mi madre, nunca oí que me dijeran lo bien que olía (cosa que sí pasaba con su hermanita Abril), pero sí: ‘¿te has puesto perfume?’ seguida de caras raras. Su aroma era entre dulce y amargo, como las naranjas o el té de jazmín cuando lo dejas reposando demasiado tiempo. Un aroma muy seco, jabonoso, que me recordaba a la pastilla verde de Heno de Pravia, que para muchos olerá a abuelita limpia, sí, pero a mí me encantaba.
Pésimo, el único detalle bonito era el tapón.
Al abrir la ventana al vintage para ver sus joyas, me animé a rescatar un set de Carmen de Victorio & Lucchino por el día de la madre. Ha llovido mucho desde 1995. Recuerdo regalárselo a mi hermana y madre, las ‘Cármenes’ de la familia. También recuerdo a las empleadas de perfumería empaquetando locas cajas y cestas navideñas con ejemplares de Carmen y minis. Era la fragancia más recurrida entre las mujeres españolas de los millennials, muy asequible y con tiempos de gloria en el sector. Más allá de la nostalgia, Carmen llenó un hueco en la perfumería española con un éxito colosal. Era un perfume de ‘diseñador’ con la imagen de la firma de moda de los hermanos Victorio & Lucchino, hecho en las factorías de Puig en Barcelona. Rosendo Mateu, maestro de Puig, lo creó con tres notas: magnolia, azahar y jazmín. Pero no un jazmín convencional, sino una aproximación artificiosa y alegórica, una fantasía mitológica de acordes florales que en manos inexpertas habría sido un desastre. En base a eso, la maquinaria comercial diseñó una botella inspirada en los tesoros de Tartessos en Andalucía. Hoy una botella de Carmen podría figurar junto a esos tesoros, como la joya de antaño: sólida, ciclópea, incorrupta y con prestaciones potentes que dejarían en bragas a cualquier Tom Ford a pleno sol. Sin embargo, por una fracción de su precio, podías alegrarle la vida a alguien con esta Carmen de España, y no la de Mérimée.
Ambrosiaco elixir sensual y polvos, muy similar al de cantante de Yves Rocher. Una prima lo usaba por años y le olía divinamente exquisito. Ojalá me pudiera hacer de un frasco pues me encanta.
Al abrir la ventana del universo vintage para asomarme a algunas de sus joyas, me animé a rescatar del cofre un set de Carmen de Victorio & Lucchino, que hoy venía a cuento por ser el día del Carmen. Cuando miré los datos me di cuenta de que ha llovido mucho desde 1995. Recordé las veces que regalé esta fragancia a mi hermana y madre, las ‘Cármenes’ de la familia. No podría olvidar a las empleadas de las perfumerías empaquetando como locas cajas y cestas navideñas donde no faltaba un ejemplar de Carmen. Era la fragancia más usada entre las mujeres españolas de la generación millennials, muy asequible económicamente, pero corrían tiempos de gloria en el sector, trabajando a destajo para atender la demanda. Más allá del acento nostálgico, Carmen llenó un espacio relevante en la historia de la perfumería española gracias a un éxito colosal de ventas. Era un perfume de ‘diseñador’ envuelto en la imaginería de los hermanos Victorio & Lucchino y producido en las factorías de Puig en Barcelona. Rosendo Mateu, maestro que creció al socaire de Puig, fue su creador. Su idea olfativa planea sobre tres notas: Magnolia, azahar y jazmín. Pero no un jazmín convencional, ni natural, sino una aproximación artificiosa y alegórica. Una fantasía casi mitológica de unos acordes florales que en manos inexpertas hubieran sido un desastre. Como base, la maquinaria comercial diseñó una botella inspirada en los tesoros de Tartessos en Andalucía. Hoy una botella de Carmen podría figurar junto a esos tesoros: sólida, ciclópea, incorrupta y con prestaciones tan potentes que dejarían en bragas a cualquier Tom Ford a pleno sol. Sin embargo, por una fracción de su precio, podías alegrarle la vida a alguien con esta Carmen de España, y no la de Mérimée.