Para mujeres
Chamade Guerlain
Acordes principales
Descripción
Chamade de Guerlain, una fragancia que captura el espíritu de la feminidad y la audacia en una atomización. Diseñada para aquellas mujeres que dejan una impresión perdurable, este perfume se abre con notas frescas de bergamota y el carácter verde y picante del gálbano, encaminando hacia un corazón floral donde el jacinto se entremezcla con la rosa y el jazmín, creando un bouquet sofisticado y profundamente femenino. La lila y los clavos de olor añaden una dimensión adicional, complementada por el dulce y delicado aroma del lirio de los valles (muguete).
La base de Chamade es un mosaico de calidez y riqueza; el bálsamo de Tolú y el benjuí ofrecen una dulzura resinosa, mientras que el bálsamo del Perú se une al ámbar, vetiver, vainilla y sándalo para crear una estela profunda y envolvente. Cada nota en Chamade ha sido cuidadosamente seleccionada para evocar la sensación de un corazón que se rinde ante el amor, igual que el tamborileo de una parada militar se ralentiza en una rendición, que es lo que el nombre "Chamade" sugiere.
Una verdadera obra de arte olfativa, Chamade de Guerlain es más que un perfume: es una declaración de independencia, valentía y pasión. Ideal para la mujer que desea expresar su fuerza y sensibilidad a través de un aroma inconfundible.
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Notas clave
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- Negativo 11%
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Pirámide olfativa
Estructura completa de la fragancia: de la salida al fondo.
Comunidad
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Al probar este perfume por primera vez, te encuentras con una encantadora mezcla de dulzura inicial, donde destacan notas de jacinto, lila y una rosa delicada. Se siente una armonía perfecta, sin ser abrumador. Se complementa con un fresco y reconfortante toque balsámico. Poco después, el jazmín se intensifica, añadiendo aún más dulzura a la experiencia.
Predomina un ambiente balsámico durante la mayor parte del uso, con el galbano añadiendo su firma al aroma. El ámbar y la vainilla, aunque sutiles, hacen breves apariciones, especialmente hacia el final. En esencia, estamos ante un perfume de carácter florar, con pinceladas orientales que le otorgan elegancia y un aire de nostalgia.
Aunque normalmente me inclino por fragancias masculinas, me gusta experimentar con perfumes femeninos de vez en cuando para descubrir nuevos aromas. Chamade me sorprendió mucho; es complejo y me dio una mezcla de sensaciones. Al principio, me golpeó fuerte con su olor potente, casi como el Chanel No.5, que también es bastante intenso por sus elementos aldehídicos. Este perfume tiene ese primer impacto que puede ser algo abrumador. Sin embargo, a medida que se asienta, empiezas a apreciar un bouquet floral muy bien definido, con el jacinto y el jazmín sobresaliendo entre las notas. Termina con un toque cálido y acogedor, gracias a la vainilla y al ámbar, lo que lo hace muy agradable después de ese inicio intenso. Aunque podría pensarse que es una fragancia más adecuada para mujeres maduras, definitivamente creo que no hay edad para los perfumes; todo se trata de cómo te identificas con su aroma. Mi tía, por ejemplo, lo ha usado desde sus cuarenta y le sienta de maravilla. Es un perfume con gran durabilidad, ideal para los días más frescos.
Desde que era pequeño, siempre me han atraído los aromas tradicionales de Guerlain. Tienen ese toque especial, la Guerlinade, que me encanta y hace que sus perfumes se distingan fácilmente y tengan un lugar especial en mi corazón.
Chamade, en particular, es un perfume que desafía el paso del tiempo, es adaptable y su desarrollo olfativo es simplemente sublime.
Al principio, puedes captar claramente los aldehídos, lo que confirma que es una fragancia que comienza con una fuerte presencia aldehídica. Pero luego se transforma, se convierte en un bouquet floral donde el Jacinto sobresale, dándole esa identidad única. Es un Jacinto cálido que se mezcla a la perfección con toques orientales sutiles de benjuí y una base de vainilla que, aunque casi seca, tiene un ligero tueste.
Este aroma exuda clase, deja una impresión memorable y destila feminidad. Creo firmemente que es un perfume muy versátil, apropiado para mujeres de todas las edades y para casi todas las ocasiones, con excepción, quizás, de eventos muy informales.
En resumen, Chamade de Guerlain es un imprescindible para aquellas que buscan dejar una marca personal y sofisticada. Definitivamente, es la elegancia embotellada.
Finalmente probé Chamade de Guerlain, una marca cuyos clásicos siempre he querido explorar más a fondo. A menudo me resulta difícil encontrar testers de Guerlain, lo cual es una pena. Hace tiempo, Guerlain ofrecía pequeñas muestras en elegantes cajitas de cartón dorado, y fue entonces cuando tuve un primer encuentro con Chamade, aunque su fragancia se había desvanecido de mi memoria.
Soy aficionado a Guerlain y sería ingenuo no reconocer el valor de sus icónicos perfumes. Me gustan, pero tengo que admitir que no todos van con mi estilo. Suelo preferir perfumes más frescos y menos dramáticos, pero Guerlain se inclina por lo opuesto. Chamade, en particular, me pareció un perfume fascinante porque se aventura con aldehídos y un toque floriverdoso amaderado típico de los años 60, algo poco usual en Guerlain. Me gusta cómo, al final, las notas avainilladas y resinas se hacen presentes, recordándome que esto es, sin duda, un Guerlain.
Aunque encuentro a Chamade un perfume interesante, no me ha cautivado completamente. Contradictoriamente, a pesar de apreciar su complejidad, siento que le falta algo. Quizás para otros, su sutileza y refinamiento sean precisamente lo que buscan en un perfume. La fragancia inicia con un frescor aldehídico, evocando a Chanel Nº 5, y luego se sumerge en una mezcla delicada de rosas y jacintos, suavizadas por un gálbano mantecoso. La fase final nos adentra en los bálsamos del Perú, otorgándole ese toque sensual y cálido tan característico de Guerlain.
En resumen, es un perfume elegante, con un inicio fresco y delicado que contrasta con un final cálido y sensual. La botella antigua es hermosa, pero personalmente, encuentro a Chamade un poco indefinido y quizás demasiado suave para mi gusto. Sin embargo, me encanta cómo Guerlain ha logrado mantener su esencia mientras experimenta con tendencias más juveniles en este perfume.
PD: He leído comparaciones con Parfum d’Hermès, pero para mí, Chamade se mantiene único, sobre todo por su delicada complejidad y las notas de gálbano, las cuales marcan una diferencia significativa con el Hermès.
El primer flis huele dulce, a jacinto, lila y rosa suave. Todo mezclado con mucha suavidad, sin sorpresas fuertes, envuelto en algo balsámico y fresco. A los pocos minutos, el jazmín cobra protagonismo y el olor se vuelve más dulce. Luego, el galbano y los toques balsámicos dominan casi todo el recorrido, mientras que el ámbar y la vainilla apenas se notan, solo al final. Es básicamente floral con leves tintes orientales, muy elegante y con un aire nostálgico.
Soy hombre pero como fan de la perfumería, cuando puedo, pruebo fragancias femeninas para explorar nuevos matices. Chamade lo defino en tres: aldehídico, floral y balsámico. Al principio, los aldehídos me dieron un empujón fuerte hasta que tuve náuseas, recordándome a Chanel No. 5. Conforme pasó el tiempo, salieron las flores, sobre todo jacinto y jazmín. Al final, noté mucho ámbar y vainilla, dándole un toque balsámico. Es una fragancia compleja y clásica, ideal para una mujer mayor de sesenta, aunque depende más de la identificación que de la edad; mi tía lo usa desde los cuarenta y le va genial. Tiene mucha duración, así que es mejor para días fríos.
Chamade era uno de los pocos clásicos de Guerlain que me quedaban por probar en condiciones. Aparte de los cuatro pilares, la marca no cuida mucho sus emblemas; no es raro que te acerques a un stand y ni siquiera haya testers. El otro día pude probarlo. Recuerdo que hace años lo caté con unas minis y esos echantillons que regalaban en una cajita de cartón, cuando los envoltorios eran dorados, pero se me había olvidado su aroma por completo. Me gusta Guerlain y sería un tonto si no supiera valorar sus grandes creaciones. Me gusta, pero quitando alguno que otro, la mayoría no son para mí. Todos tienen en el secado ese acorde llamado ‘guerlinade’, ese tono boudoir de vainillas y resinas empolvadas que unifica a la mayoría de sus perfumes. Yo soy de perfumes más dinámicos, fríos y racionales, y Guerlain es todo lo contrario. Chamade es un perfume muy curioso, se adentra en los aldehídos, cosa rara en Guerlain, y también en los floriverdosos amaderados de los sesenta, algo poco característico de la marca. La gracia es que al final las resinas avainilladas aparecen, y te recuerdan que esto tiene nombre y apellidos, y que por mucho que las dos primeras fases estén algo más a la moda de sus años, el secado lo firma Guerlain. No me quiero enrrollar mucho porque aunque pareciéndome un perfume bonito lo he encontrado un tanto anodino. Suena contradictorio, porque vuelvo a incidir en lo bien trabajada que está la evolución, prácticamente son tres perfumes en uno, solapándose, como el telón de un teatro que separa un acto del otro. Pero no me ha terminado de enamorar. Creo que en todas sus fases se queda corto, aunque quizás algunas personas encuentren en esto su gracia, porque Chamade es un perfume muy llevadero, y también, por qué no decirlo, ultra refinado. La primera fase es aldehídica y fresca, te recuerda irremediablemente a Chanel nº 5, que no por ser un lugar común deja de ser menos cierto. Cuando a los aldehídos se suma el gálbano inunda al resto de flores de un tono verde muy bonito; además no es un gálbano crudo, amargo, aceitoso y fuerte, como se estilaba en su momento, este es amantequillado, más que el gálbano en solitario está su bruma campestre acompañando a un combo de rosa/jacinto muy delicados. Ni la rosa es brava ni áspera ni el jacinto es súper floral y detergentoso, ambos son mantequilla, mantequilla verdosa. En el fondo todavía aguantan unos aldehídos muy bonitos que en vez de oler a laca huelen a luz fría. En la tercera fase es cuando entran los bálsamos del Perú, con su cosa de resina medicinal, un emplaste medicinal, dulce y expectorante, son los que confirman que esto es un Guerlain, y que no habiendo vainilla ni iris ni ámbar no estaban dispuestos a perder su secado de tocador francés. El bálsamo del Perú (por cierto, me suena que ambos, Perú y Tolú, son variaciones de una misma fórmula, nuestros compañeros latinoamericanos nos lo pueden confirmar porque se sigue usando en los hogares) está clavado para no arrollar ni ser el protagonista, simplemente confiere un acabado sensual, balsámico y cálido al envoltorio floral aldehídico. Un perfume bonito, bien hecho, con un filo de luz verde pastel, fría, enfrentado a un secado más caliente y erótico. La botella antigua es una preciosidad. A mí no ha terminado de enamorarme porque lo veo un tanto indefinido y deslavazado, además de femenino y maternal. Para mi gusto le falta o bien dinamismo al principio, o sexo al final. Obvio yo no soy su cliente potencial, existirá gente que encuentre en su tono comedido un perfume perfecto. Lo que más me ha gustado es comprobar como hace años las casas se adentraban en las modas del momento, más juveniles, sin perder su esencia. Y eso es justo lo que hizo Guerlain con Chamade, un floral aldehídico en apariencia mucho más Hermés, Rochas o Nina Ricci, pero saliendo victorioso como un Guerlain en el secado indiscutiblemente oriental. PD. Edito para añadir que algunas personas lo comparan con Parfum d’Hermés. A mí no se me parecen, ambos son florales aldehídicos que luego viran a resina dulce, aquí bálsamo del Perú, en el Hermés mirra. El de Hermés lleva mucho menos gálbano que este, además de ylang e iris, que son clave para posicionarlo como un perfume más aseñorado. Este Chamade aún siendo un perfume aseñorado tiene un algo delicado y brumoso que en Parfum d’Hermés no existe (es un perfume más plano, sin poesía alguna)
Desde que era crío, siempre he sido de los que prefieren los clásicos de Guerlain, sobre todo por ese acorde Guerlinade que los hace únicos y fáciles de identificar. Chamade es uno de ellos: un atemporal que se lleva muy bien y evoluciona genial. Al principio te golpean los aldehidos (es básicamente una fragancia aldehídica), pero luego se convierte en algo floral con un jacinto que le da personalidad. Es un jacinto cálido con toques orientales suaves de benjuí y una vainilla de base casi seca, un poco tostada. Tiene clase, te deja buenos recuerdos y es muy femenino. Va con cualquier edad y ocasión (salvo estilo sporty, que a mí no me sienta). Un clásico de Guerlain que hay que tener en cuenta para chicas o mujeres que quieren dejar un sello personal y elegante.
Desde que era crío, siempre me han pillado los clásicos de Guerlain, sobre todo por ese acorde Guerlinade que los hace únicos y los reconozco al instante. Chamade es uno de ellos: un clásico atemporal, súper llevable y con una evolución brutal. Al principio te golpean los aldehidos (es una fragancia fundamentalmente aldehídica, lo sé), pero luego se convierte en algo floral con un jacinto protagonista que le da carácter. Es un jacinto cálido sobre un fondo oriental suave de benjuí y una vainilla de base casi seca, un poco tostada. Huele a clase, tiene buen efecto memoria y es muy femenino. Se lleva a cualquier edad y ocasión (menos si buscas algo sporty, que a mí no me va). Es un clásico de Guerlain que hay que tener en cuenta para chicas o mujeres que quieran dejar un sello personal y destacar. Fragancia muy elegante.
Soy hombre pero me encanta la perfumería, así que a veces pruebo fragancias femeninas para descubrir nuevos olores. Chamade lo describiría en tres palabras: ‘aldehídico’, ‘floral’ y ‘balsámico’. Al principio, el golpe de los aldehídos fue tan fuerte que me dio náuseas, algo que me recordó al clásico Chanel No. 5. Conforme pasó el tiempo, salieron las flores, muy marcadas, especialmente el jacinto y el jazmín. Al final, noté el lado balsámico con el ámbar y la vainilla. Es una fragancia compleja y clásica, ideal para una mujer mayor, aunque el olor no depende de la edad sino de si te identifica con ella. Mi tía lo lleva desde los cuarenta y le va perfecto. Tiene mucha duración, así que es mejor para días fríos.
El primer flis es dulce, jacinto y lila con rosa suave. Todo muy bien mezclado y con mucha suavidad, no un boom. Rodeado de un aroma balsámico y fresco. A los pocos minutos el jazmín se hace más prominente y el aroma se vuelve más dulce todavía. El galbano, junto con los aromas balsámicos, dominan el aroma casi todo el tiempo. El ámbar y la vainilla apenas se detectan, solo al final. Es un perfume floral básicamente, con leves toques orientales. Es muy elegante y algo nostálgico.
Chamade era uno de los pocos clásicos de Guerlain que me quedaban por probar. La marca ha dejado de cuidar sus emblemas y a veces ni siquiera tienen testers en el stand. Lo probé al otro día y me vino a la memoria una cata antigua con minis y muestras en cajas de cartón dorado; se me había olvidado el olor por completo. Me gusta Guerlain y sé valorar sus grandes creaciones, aunque la mayoría no son para mí por ese ‘guerlinade’, ese tono boudoir de vainillas y resinas empolvadas que unifica la marca. Yo prefiero perfumes más dinámicos, fríos y racionales, mientras que Guerlain es todo lo contrario. Chamade es curioso: se adentra en aldehídos, algo raro para ellos, y en floriverdosos amaderados de los sesenta, poco característico. Al final, las resinas avainilladas aparecen y recuerdan que esto tiene nombre y apellidos; aunque las primeras fases están a la moda de su época, el secado lo firma Guerlain. Aunque me pareció bonito, lo encontré un poco anodino. Suena contradictorio, pero la evolución está bien trabajada, son tres perfumes en uno que se solapan como el telón de un teatro. No me terminó de enamorar porque creo que en todas sus fases se queda corto, aunque es muy llevadero y ultra refinado. La primera fase es aldehídica y fresca, recuerda irremediablemente al Nº 5 de Chanel, que no deja de ser cierto. Al añadirse el gálbano, inunda las flores con un tono verde bonito; no es crudo ni aceitoso, sino amantequillado, con una bruma campestre acompañando a una rosa y un jacinto delicados, todo ‘mantequilla verdosa’. En el fondo, aldehídos que huelen a luz fría en vez de a laca. En la tercera fase entran los bálsamos del Perú, con esa resina medicinal, dulce y expectorante, que confirman que es un Guerlain y mantienen su secado de tocador francés. El bálsamo está clavado para no arrollar, solo da un acabado sensual y cálido al envoltorio floral. Es un perfume bonito, bien hecho, con un filo de luz verde pastel y fría frente a un secado caliente y erótico. La botella antigua es una preciosidad. No me enamoré porque lo veo indefinido, deslavazado, femenino y maternal; le falta dinamismo al principio o sexo al final. Obvio, no soy su cliente, pero habrá gente que encuentre en su tono comedido su perfume perfecto. Lo mejor fue ver cómo hace años las casas se adentraban en modas juveniles sin perder su esencia. Guerlain hizo esto con Chamade: un floral aldehídico que parece de Hermès, Rochas o Nina Ricci, pero que sale victorioso con un secado indiscutiblemente oriental. PD: Edito para añadir que algunos lo comparan con Parfum d’Hermès. A mí no se parecen; ambos son florales aldehídicos que viran a resina dulce, aquí bálsamo del Perú, en el Hermès mirra. El Hermès lleva menos gálbano y tiene ylang e iris, lo que lo hace más aseñorado. Este Chamade, aunque sea aseñorado, tiene algo delicado y brumoso que no existe en el Parfum d’Hermès, que es más plano y sin poesía.