Para mujeres
Jasmin et Cigarette Etat Libre d’Orange
Acordes principales
Descripción
Desde el momento en que se experimenta la atomización de "Jasmin et Cigarette" de Etat Libre d'Orange, es evidente que esta no es una fragancia ordinaria. Representa la fusión perfecta de dos mundos: la inocencia y la audacia, la pureza del jazmín combinada con la sofisticación nostálgica del aroma del tabaco. Este perfume se abre con notas frescas y dulces de jazmín que envuelven los sentidos, evocando noches serenas bajo cielos estrellados. Sin embargo, la verdadera singularidad de esta fragancia se revela en su corazón, donde el aroma distintivo del tabaco entra en juego, creando un contraste intrigante y sorprendentemente armonioso.
La complejidad de "Jasmin et Cigarette" no termina ahí. Notas de heno y chabacano se entrelazan delicadamente, aportando un toque terroso y ligeramente afrutado que realza su carácter. En el fondo, el almizcle, el cedro, el comino, el haba tonka y el ámbar se funden para crear un acabado cálido, rico y profundamente seductor que perdura en la piel.
Esta fragancia es para aquellos que veneran la singularidad, personificando la belleza de los contrastes y la audacia de romper convenciones. "Jasmin et Cigarette" es más que un perfume; es una declaración de independencia, una obra maestra olfativa que captura la esencia de la libertad y la complejidad de la naturaleza humana.
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La mezcla de jazmín, tabaco y albaricoque, complementada con un toque de ámbar, es lo primero que capta mi olfato. Inicialmente, el aroma es vibrante y cautivador, pero se va suavizando con el tiempo, dejando finalmente un delicado aroma a jazmín con un sutil hint de cigarro, bastante peculiar. En resumen, desprende una esencia atractiva y femenina que encaja perfectamente con mi piel.
Me encantó la mezcla que han logrado con el jazmín, le han añadido tabaco y eso hace que tenga un aroma dulce pero con un toque distintivo, realmente agradable.
Recientemente tuve la oportunidad de probar un perfume que realmente me capturó por su singularidad. Este aroma se ha mantenido conmigo de manera constante por unas 12 horas, lo cual es impresionante sin llegar a ser abrumador. Es una fragancia que constantemente se siente fresca debido a la variedad de sus notas que se mezclan maravillosamente, evitando que se vuelva monótona en cualquier momento.
Desde el principio, se pueden distinguir claramente tres notas: jazmín, tabaco y albaricoque. Al inicio, el comino se hace presente con un toque bastante particular, aunque no tarda en suavizarse. El jazmín se siente armónico y adecuadamente equilibrado sin ser demasiado intenso. La nota de tabaco me trae a la memoria la esencia de Tea For Two, aunque en este caso se siente menos intensa probablemente por el contraste que crea el albaricoque, el cual permanece notable a lo largo de la experiencia. Este perfume consigue un tipo de dulzura muy particular y alejada de los habituales aromas ambarinos, algo que realmente aprecio y que se nota que guarda la esencia de su creación en 2006.
En un momento dado, detecté una sensación un poco densa que no fue totalmente de mi agrado, pero afortunadamente fue algo pasajero y no predominó en la experiencia general. Podría atribuirse al heno y al almizcle.
Lo que más destaco de este perfume es su estructura y cómo las esencias están tan bien integradas. Es sin duda una experiencia olfativa que recomendaría.
La verdad, el nombre del perfume no miente: realmente combina aromas de jazmín con toques de cigarrillo. La proporción parece ser perfectamente mitad y mitad. Por un lado, está el jazmín, que se siente fresco y vivo, y por otro, el aroma de cigarrillo, pero no de una manera acogedora como el tabaco, sino más bien como si estuvieras oliendo un cenicero. No es tan fuerte como un cenicero lleno hasta el borde, pero definitivamente tiene ese dejo a ceniza. En algunos momentos, detecto un leve toque que podría confundirse con cuero, pero se disipa bastante rápido y lo que queda es ese duo de jazmín y tabaco, ambos notoriamente secos, casi como oler una camisa antigua recién planchada. Personalmente, no me convence la idea de oler a ceniza de cigarrillo mezclada con jazmín, así que prefiero pasar de este perfume.
Después de un rato, me doy cuenta que algo más se ha integrado al aroma, pero no logro identificarlo con claridad. No me huele ni a albaricoque, ni a arroz, ni a nada que pueda reconocer fácilmente, excepto quizás un ligero toque de heno. Pero más allá de eso, siento una especie de frescor extraño, casi incómodo, que me recuerda a verduras olvidadas en el refrigerador que toman un olor peculiar y nada atractivo, como esas lechugas que se quedan marchitando sin que te acuerdes de ellas. Aunque estas impresiones puedan parecer un poco inusuales, para mí tienen sentido al trasmitir una sensación de algo inmaduro, casi inexistente, que no logra capturar completamente mi gusto.
En resumen, más que un perfume, este aroma me hace pensar en un lugar específico y no precisamente inspirador: me recuerda a una oficina aburrida o a la sala de juntas de algún funcionario de España hace unas décadas. A medida que pasan los años, me impresionan menos los perfumes que intentan ser experiencias olfativas complejas o conceptos artísticos encapsulados. Prefiero aquellas fragancias que, desde el principio, simplemente huelen increíbles. Aunque tengo curiosidad por lo que Etat Libre d’Orange ofrece, esta fragancia en particular no es para mí. Aclaro que esta opinión es totalmente personal y no refleja mi opinión sobre las personas que disfrutan de los aromas únicos que esta marca tiene para ofrecer.
Definitivamente, este se ha convertido en uno de mis perfumes predilectos que llevan jazmín. Acabo de probarlo y ya se ha posicionado en mi lista de favoritos, ocupando un lugar de honor junto con jasmine sambac & marigold de jo Malone London y Jasmín Rouge de Tom Ford. Lo que distingue a este aroma es que, a diferencia de los mencionados, este tiene un cariz menos dulzón gracias a la presencia del tabaco que le confiere ese carácter ahumado y ligeramente amargo que balancea la dulzura del jazmín, el cual por cierto es de una suavidad impresionante y carece casi por completo de esa nota animal. La mezcla se redondea perfectamente con notas dulces de albaricoque y haba tonka.
Sin embargo, donde siento que podría mejorar es en su durabilidad. Apenas logra mantener su presencia en mi piel por unas 6 horas con una proyección bastante discreta, lo que lo hace ideal para el uso diario, especialmente en estaciones de temperaturas medias como la primavera o el otoño.
Mis calificaciones para este perfume serían: Aroma 9/10, Longevidad 7/10, Proyección 6/10, Relación calidad/precio 6/10, Versatilidad 8/10, Originalidad 8/10, Puntuación general 8/10.
Bueno, tenía muchas ganas de probar este perfume de jazmín porque normalmente, cualquier fragancia que lleve jazmín de buena calidad suele oler increíble. Sin embargo, esta vez me llevé una sorpresa no tan agradable. La verdad es que el jazmín se siente muy artificial, como si faltara vida en él, y eso que viene acompañado de un toque dulce bastante genérico. Al intentar descifrar los aromas, creo captar algo de tabaco mezclado con un dulzor frutal, pero nada sobresale realmente ni parece estar definido con claridad. En general, me dio la impresión de ser un perfume de poca calidad.
En cuanto a su duración y cómo se siente al llevarlo, tampoco es que destaque mucho. La fragancia no perdura mucho tiempo, con una duración de unas 3 horas antes de que el ya de por sí deslucido jazmín se torne aún más tenue, perdiéndose entre las demás notas.
Valorando todos estos aspectos, mi calificación en cuanto a aroma es bastante baja, y en términos de durabilidad y proyección, tampoco puedo decir que esté impresionado. Desde el punto de vista emocional, tampoco me movió mucho. Y viendo que el precio es de 90 euros por 50ml, sinceramente, no me siento inclinado a recomendarlo.
Verdaderamente hace honor a su denominación, desprendiendo aromas evidentes de jazmín y cigarrillo, y me refiero específicamente al aroma del cigarrillo más que al tabaco puro. Es una combinación curiosa, pero personalmente no disfruto del aroma del cigarrillo en ninguna presentación. Por esta razón, no lo incluiría en mi selección personal de perfumes.
Perfume muy interesante con un rendimiento perfecto: lo llevo sintiendo desde hace 12 horas sin saturar. El baile de matices nunca aburre. Desde el inicio se notan las tres notas: jazmín, tabaco y albaricoque. Al principio el comino aporta un matiz sucio que luego se diluye. El jazmín está muy equilibrado, poco indólico. El tabaco al principio recuerda mucho al de Tea For Two, como cenizas prendidas y ahumadas, evocando Ducados Negro; aquí es menos ahumado por el contraste con el albaricoque que percibo toda la vida. Tiene aires lutenescos asiáticos; agradezco esa dulzura distinta a los omnipresentes ámbares actuales, se nota que es de 2006. Durante un tiempo noto un matiz pastoso, lo único que no me agrada mucho, pero no domina y acaba yéndose, quizás sea el heno y el almizcle. Destaco mucho la estructura, muy bien mezclada.
Uno de mis favoritos de jazmín. Lo estoy probando y entra directo en mi top 3 junto al de Jo Malone y el Rouge de Tom Ford. Aquí no es tan dulce porque el tabaco rompe la fragancia, dándole un toque ahumado y amargo. Pero el jazmín es muy suave, casi nada animal, y la base dulce con albaricoque y tonka rematan la mezcla. El problema es el rendimiento: no más de seis horas en mi piel con proyección moderada. Se convierte en un perfume diario, ideal para temperaturas medias como primavera u otoño. Aroma: 9, Longevidad: 7, Proyección: 6, Calidad/precio: 6, Versatilidad: 8, Originalidad: 8, Global: 8.
Uno de mis perfumes de jazmín favoritos. Lo estoy probando ahora y entra directo a mi top 3 junto a jasmine sambac & marigold de Jo Malone London y a Jasmin Rouge de Tom Ford. En este caso el perfume no es tan dulce como esos dos porque el tabaco rompe bastante la fragancia, proporcionándole un toque ahumado y amargo. Pero sin embargo el jazmín utilizado aquí es muy suave, casi nada animalico, y la base dulce con el albaricoque y la tonka, acaban de rematar la mezcla. El problema para mí está en el rendimiento. No más de 6 horas en mi piel con una proyección muy moderada. Así que se transforma en un perfume más de diario, ideal para tosturas medias como en primavera u otoño. Aroma: 9 Longevidad: 7 Proyección: 6 Calidad/precio: 6 Versatilidad: 8 Originalidad: 8 Global: 8
Perfume muy interesante. Tiene un rendimiento perfecto, lo llevo sintiendo perfectamente desde hace 12 horas pero no en modo martillo y el baile de matices hace que nunca aburra. Desde la salida se notan las tres notas principales: jazmín, tabaco y albaricoque. Al principio sobresale el comino aportando un matiz sucio pero poco a poco se va diluyendo. El jazmín para mi gusto está muy equilibrado, poco indólico. El tabaco durante un tiempo me recuerda muchísimo al de Tea For Two donde se percibe como las cenizas aún prendidas y ahumadas, me evoca al Ducados negro; aquí quizá sea menos ahumado por el contraste con el albaricoque el cual percibo toda la vida del perfume. Tiene aires Lutenescos asiropados; agradezco mucho percibir una dulzura diferente a la de los omnipresentes ámbares de hoy día; se nota que es de 2006. Durante un tiempo percibo algún matiz algo pastoso que es lo único que no me agrada mucho pero no llega a dominar además se acaba yendo. Quizá sea el heno y el almizcle. He de destacar que me gusta muchísimo la estructura del perfume, lo noto muy bien mezclado.
Le hace justicia a su nombre, huele a jazmín y cigarro, no a tabaco. Es curioso, pero no me agrada el olor a cigarro en ninguna de sus formas. No lo incluiría en mi colección.
Es un aroma peculiar. Solo aprecio el jazmín y el tabaco (tal cual un pitillo en una cajetilla). En un principio me gustó pero a medida que transcurrió el tiempo, una media hora, comenzó a marearme creo que fue debido a alguna nota dulcísima e intensa que hay por ahí (dudo si es el jazmín). Me gustó como experiencia olfativa pero no lo compraría para ponerlo.
Todos los ingredientes de esta fragancia podrían hacerla especial. Pero ese olor a ‘cigarrillo’… mmm… no me cierra para nada.
Es difícil que un perfume de jazmín nicho no supere ciertas expectativas, porque el jazmín de cierta calidad, como mínimo siempre huele bien, pues aquí no, tenemos un jazmín sintético nada brillante, con una base dulce sin definir, puedes intuir algo de tabaco con el dulce de la fruta. Ninguna nota es brillante, ninguna nota está bien perfilada, y no hay matices. Huele barato. De rendimiento no muy bien, poca proyección y duración baja, unas 3 horas a partir de las cuales queda solo un jazmín poco alegre con una base del resto de notas marchándose. Olor: 2.4/10 Duración: 4.6/10 Proyección: 4/10 Emocional: No Precio: 90€/50ml Recomendada: Baja
Lo que más noto es jazmín, tabaco y albaricoque sobre una base de ámbar translúcido. La apertura es enérgica y llamativa, pero se suaviza con el tiempo… y en la fase residual huele literalmente a jazmín con un leve rastro de cigarrillo 🙂 interesante. En general, es bonita, muy femenina y en mi piel huele muy rico.
Le hace justicia a su nombre, huele claramente a jazmin y cigarro, no a tabaco, sino al cigarrillo como tal. Es interesante, pero no me agrada el olor a cigarro en ninguna de sus formas. No lo haría parte de mi colección.
Me compré un decant de 2ml por el título, que con ELDO suele llamar mucho la atención por ser conceptual. A mí, sinceramente, solo huele a jazmín. Un jazmín brutal, empalagoso. Es el olor de esos setos que rodean las casas y te embriagan al pasar cerca, sobre todo al atardecer. Para mí es tan fuerte que es lo único que detecto. Me parece una representación muy realista de la flor, a diferencia de otras reseñas. La única sensación de cigarrillo es que huele muy estanco, nada fresco para un floral blanco, casi como si lo hubiera echado en la sala de una señora mayor y se hubiera pegado a las cortinas. Una palabra es “stuffy”. No me disgusta y lo repaso de vez en cuando; quizás expresa una feminidad antigua que a veces me apetece. Es definitivamente primaveral, no veo otra época. No he decidido si lo añado a la colección.
Jazmín, tabaco y albaricoque sobre una base de ámbar translúcido es lo que más percibe mi nariz. Su apertura enérgica y llamativa se suaviza con el paso de las horas… y es en la fase residual cuando huele literalmente a jazmín con un leve rastro de cigarrillo 🙂 … interesante. En general, es bonita, muy femenina y en mi piel huele muy rico.
Aroma raro, solo noto el jazmín y el tabaco, literal como un pitillo en la cajetilla. Al principio me enganchó, pero a los quince minutos me mareé con esa nota dulzona e intensa que hay por ahí (no sé si es el jazmín). Me ha gustado la experiencia olfativa, pero no lo compraría para usarlo.
Me gusta mucho el jazmín; el tabaco le pone un toque interesante y quita lo ‘naif’ del conjunto. Es un jazmín dulce y ahumado que huele muy rico.
No se equivoca el nombre, porque a eso es a lo que huele: a jazmín y a cigarrillos. La mezcla está clavada al cincuenta por ciento, jazmín, uno muy limpio, verde y nada arrugado, y cigarros. No huele a tabaco, ni al que se usa hoy, que tiene textura de tonka avainillada, ni al que se gastaba antes en los perfumes masculinos, uno que me olía a una mezcla de té en su propia mata, lavanda y bergamota húmeda. Esto esplende a cigarrillos, y no precisamente a un Winston en combustión aromatizando el ambiente, con su regusto a droga quemada y sabrosa tan bonito. Jasmin et cigarettes huele a cenicero. No llega a ser tan desagradable como un cenicero a rebosar de colillas, pero el tabaco que hay aquí alguna vez estuvo encendido y ahora es ceniza. De vez en cuando sube alguna especie de acorde de cuero fórmico que confundo con algún trasunto de aldehído o metano, con recuerdos de celofán crujiente y seco. Pero esa corriente animalica y química que los unifica desaparece rápido y durante un buen tiempo esto es jazmín y tabaco, sin más; no es un jazmín cremoso, mórbido y aceitoso, tampoco un tabaco húmedo que dan ganas de apretujar, aquí las dos notas tienen una textura reseca, antiséptica, como si fuera una camisa blanca y vieja recién planchada. Reconozco que no me gusta, no me apetece nada oler a ceniza de tabaco, y ya conjuntado con jazmín me bajo del barco. Pasados un buen rato largo te acuerdas de olfatear otra vez y compruebas que un invitado nuevo se ha sumado a la fiesta. Veo el género listado y soy incapaz de identificarlo con albaricoque, arroz tres delicias ni pitos, ninguno me cuadra ni lo interpreto como tal a excepción del heno, que tampoco es demasiado literal. Lo que siento de fondo es un susurro raro de un frescor delicado e incómodo que me quiere recordar a una de esas lechugas que se mueren de aburrimiento en el frigorífico y que por pereza o descuido se te olvida tirar. Cuando por fin lo haces han cogido un olor de una frescura cárnica y gomosa bien feo, muy parecido al de esos pepinos de invernadero que por fuera parece deliciosos y que al abrirlos saben igual que si te comieras una palera a bocados, una cosa insípida y rara que no llega a ser abiertamente repulsiva pero nada agradable; también podría tratarse de algún capullo joven y terso de flor de frutal, algún algodón al natural e incluso una de esas piedras de tiza o yeso, jaboncillos, que se usan en los talleres de costura. Parecen asociaciones raras, lechuga o pepino blandos, capullo sin reventar de flor, algodón y jaboncillo de costura, pero en mi cabeza la conexión tiene sentido, las tres son notas de una blancura desvaída, embrionaria, que me gusta poquísimo tirando a nada por sus matices de cosa a la que todavía le queda un rato para nacer. Jasmin et cigarettes en vez de perfume huele a lugar, además uno nada evocador, no emociona porque me ha parecido igual que aspirar con la nariz el espacio olfativo que forma una habitación o un coche, algo que en efecto huele a algo, pero que no quieres ponerte por encima. Con los años soy de sorprenderme menos con los perfumes que ofrecen experiencias olfativas, lugares embotellados o conceptos artísticos. A un perfume le pido que me huela muy bien, si luego mi mente recrea y hace asociaciones me gusta que salgan de una abstracción, de mis pajas mentales o de mis recuerdos. Pero a priori una cosa que te venda, aunque no sé si es el caso, una idea planteada desde el título no es para mí, supongo que se deberá a que ya soy viejo y poco me sorprende. Por cierto, si tuviera que decir a qué me recuerda esta fragancia tengo una idea clarísima: a un despacho aburrido o sala de juntas de algún funcionario en la España de hace cincuenta o sesenta años. PD. Mi apreciación está basada únicamente en mi percepción de esta fragancia. No tengo nada en contra de la gente que compra perfumes en Etat Libre d’Orange, además yo mismo no tengo los conocimientos suficientes para hacerme una idea general de la firma puesto que de esta marca he catado cuatro cosas contadas.
El nombre no falla: huele a jazmín y a tabaco. La mezcla es un 50/50, un jazmín limpio, verde y sin arrugas, mezclado con cigarrillos. No huele a tabaco moderno con textura de vainilla ni al antiguo que olía a té en la mata, lavanda y bergamota húmeda. Esto huele a cigarrillo, no a un Winston quemando el ambiente con regusto a droga quemada y sabroso. Huele a cenicero. No es tan desagradable como uno rebosante, pero el tabaco estuvo encendido y ahora es ceniza. De vez en cuando sube un acorde de cuero sintético que confundo con aldehídos o metano, con recuerdos de celofán crujiente. Esa corriente animal y química desaparece rápido y durante un rato es solo jazmín y tabaco, sin más; no es jazmín cremoso ni tabaco húmedo, aquí las dos notas tienen textura reseca y antiséptica, como una camisa blanca vieja recién planchada. Reconozco que no me gusta, no me apetece oler a ceniza y con jazmín me bajo del barco. Pasado un buen rato te acuerdas de olfatear de nuevo y comprobas que un invitado nuevo se ha sumado. El género listado no me cuadra con albaricoque, arroz o pitos, salvo el heno, que tampoco es literal. Lo que siento de fondo es un susurro raro de frescura delicada e incómoda, que me recuerda a una lechuga que se muere de aburrimiento en el frigo y por pereza te olvidas de tirar. Cuando la haces, huele a frescura cárnica y gomosa, fea, como pepinos de invernadero que por fuera parecen deliciosos y por dentro saben a palera a bocados, insípido y raro, no abiertamente repulsivo pero nada agradable; también podría ser un capullo joven de flor, algodón natural o piedra de tiza/jaboncillo de taller de costura. Parecen asociaciones raras, lechuga o pepino blando, capullo sin reventar, algodón y jaboncillo, pero en mi cabeza la conexión tiene sentido, las tres son notas de una blancura desvaída, embrionaria, que me gusta poquísimo tirando a nada por sus matices de cosa que le queda un rato para nacer. Jasmin et cigarettes en vez de perfume huele a lugar, además uno nada evocador, no emociona porque me ha parecido igual que aspirar el espacio olfativo de una habitación o un coche, algo que huele a algo pero que no quieres ponerte. Con los años soy de sorprenderme menos con perfumes que ofrecen experiencias, lugares embotellados o conceptos artísticos. A un perfume le pido que huela muy bien, si luego mi mente hace asociaciones me gusta que salgan de una abstracción, mis pajas mentales o recuerdos. Pero a priori una cosa que te venda una idea planteada desde el título no es para mí, supongo que se deberá a que ya soy viejo y poco me sorprende. Por cierto, si tuviera que decir a qué me recuerda esta fragancia tengo una idea clarísima: a un despacho aburrido o sala de juntas de algún funcionario en la España de hace cincuenta o sesenta años. PD. Mi apreciación está basada únicamente en mi percepción de esta fragancia. No tengo nada en contra de la gente que compra perfumes en Etat Libre d’Orange, además yo mismo no tengo los conocimientos suficientes para hacerme una idea general de la firma puesto que de esta marca he catado cuatro cosas contadas.
Cumple con su nombre, huele claramente a jazmín y cigarro, no a tabaco, sino al cigarrillo en sí. Es interesante, pero no me gusta el olor a cigarro en ninguna de sus formas. No lo haría parte de mi colección.