Para mujeres
Patchouli Patch L’Artisan Parfumeur
Acordes principales
Descripción
El Patchouli Patch de L'Artisan Parfumeur es una fragancia que se adentra en las profundidades del pachulí, redefiniendo su esencia en una composición moderna y sofisticada. Esta exquisita colonia captura la esencia terrosa y rica del pachulí, complementada con sutiles toques de alcaravea y anís estrellado que invitan a un inicio intrigante y especiado. A medida que se asienta sobre la piel, se revela un corazón donde el osmanto (olivo oloroso) y el iris aportan una delicada faceta floral, equilibrada con la calidez del sándalo. El almizcle blanco, junto con el vetiver y el cedro, proporciona una base suave y persistente que confiere a esta fragancia una sensualidad envolvente y un carácter innegablemente elegante. Patchouli Patch es un homenaje al pachulí, reinventado para el amante del perfume moderno que busca una expresión única y personal de este ingrediente clásico. Cada atomización revela capas de complejidad y refinamiento, haciendo de este perfume la elección perfecta tanto para el día a día como para ocasiones especiales.
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Pirámide olfativa
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Comunidad
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La verdad es que este Patchouli Patch me ha dejado muy sorprendido. A pesar de que no es el tipo de fragancia que anuncia tu presencia con un golpe fuerte y directo, como pasa con algunos de la marca L’Artisan, este tiene algo especial. Ahora parece que la versión actual ha perdido algo de su intensidad, así que si te interesa de verdad, quizás tengas que buscar versiones más antiguas, esquivando algunas dificultades en el camino. Aun así, debo admitir que me ha encantado. No es que tenga planes de adquirirlo, pero sí que reconozco que posee una calidad y una mezcla de aromas bastante atractiva para mi gusto.
Entre todos los patchoulis que he probado recientemente, este es el que más me recuerda al querido Gentleman por su perfil de patchouli más terroso y arcilloso. Por lo general, me encuentro con versiones más humeantes o con toques herbáceos que no terminan de convencerme. Sin embargo, el tipo de patchouli que prefiero es este, similar al de Gentleman, Aromatics Elixir o Cabochard, con esa frescura y textura terrosa.
Desde el momento que lo olí, no pude evitar sentir nostalgia por el Givenchy que tanto extraño. Patchouli Patch, si bien toma su propia dirección, consigue mantener viva esa esencia inicial. La nota de patchouli se complementa con un suave toque anisado y una base predominantemente amaderada, donde destaca la dulzura no azucarada de algunas frutas o flores, dando una sensación muy agradable y distinta a lo habitual. La combinación de patchouli, cedro y sándalo con el toque florido del osmanto resulta algo fuera de serie, añadiendo la alcaravea para darle ese toque fresco y picante. Es un aroma que te transporta a un ambiente más natural y sofisticado, alejado de los clichés hippies o góticos del patchouli.
En definitiva, este Patchouli Patch me parece una fragancia muy lograda, familiar y a la vez única, que invita a la reflexión y al disfrute tranquilo, muy al estilo europeo. La calidad de sus notas es impresionante, naturales y armónicas hasta el final, sin rastro de artificialidades. Es cierto que he tenido la suerte de probar una versión más antigua, ya que he escuchado que las versiones actuales pueden no estar a la altura.
Luego de probarlo, se ha quedado grabado en mi como un perfume de excepcional calidad, algo difícil de encontrar hoy en día entre tantas fragancias sintéticas. Incluso me animé a buscar lo que decía Luca Turin sobre él, encontrando una valoración positiva que refleja bien lo que pienso sobre este perfume. En resumen, Patchouli Patch es una verdadera joya entre tantas opciones en el mercado.
Escogí este perfume como un regalo especial para las fiestas, porque me llamó la atención su aroma a base de pachulí con un toque frutal, que se aleja de ser demasiado dulce. La primera vez que lo olí, me recordó al aroma de ciruelas. Algunos incluso podrían decir que huele a brandy. También tiene un ligero toque de iris, no mucho, justo lo suficiente para evocar la sensación de estar oliendo la piel de una fruta carnosa. La mezcla de pachulí lleva un aire de fermentación, como si se pudiera captar el olor de frutas maduras en el aire, gracias a la presencia de etileno, que es lo que hace que la fruta madure y libere ese aroma distintivo.
No es para nada uno de esos perfumes excesivamente dulces, de hecho, comparte un aroma limpio y puro, que a mí me recuerda a los días de baño en los antiguos baños llenos de vapor. Aunque esta imagen es más bien secundaria, ya que el perfume tiene una cierta sequedad que lo caracteriza. En general, tiene un aire clásico, pero es difícil de categorizar completamente en ese estilo. Es intenso pero de una manera sutil. Opino que es un perfume muy bien balanceado y con una mezcla de aromas que lo hacen único.
Lo compré para Reyes porque es un pachuli donde lo frutal brilla sin caer en lo cursi. Al principio huele a ciruela o a brandy; con ese toque de iris justo, recuerda a la piel de una ciruela. La humedad del alcohol y la nota etilénica del pachuli evocan fermentación, como esa hormona que se siente en la fruta madura. No es dulce como el azúcar, sino que mezcla esa fermentación con la faceta jabonosa del pachuli, que me trae a la mente un baño de época lleno de vapor. Aunque esa imagen es secundaria, la fragancia mantiene cierta sequedad. Es vintage, pero sin encasillarse del todo; oscura sin ser selvática, pesada pero suave. En resumen, los equilibrios son excelentes.
Pues muy bien este Patchouli Patch. Al principio, como con muchos L’Artisan, deja claro que no es un perfumón de anuncio, y creo que la versión actual está reformulada y aguada; habría que buscar frascos viejos y esquivar a los bandidos de Sierra Morena. Pero me ha gustado mucho. No lo quiero llevar, pero tiene una calidad y composición guay. De los patchoulis que pruebo últimamente es el que más se acerca a mi añorado Gentleman: arcilloso y terroso. La mayoría huelen a hierba quemada o cebolla ácida, cosa que no soporto para usar, solo para oler en otros. Yo busco ese frío, terroso y con regusto a arcilla del Gentleman, Aromatics Elixir o Cabochard. Al olerlo la primera vez me salta una lágrima, imposible no acordarme de mi Givenchy. Luego coge su propio camino sin perder ese recuerdo a Paul Leger. El pachuli viene con un tono anisado sutil, no a saco, sino con su aura de picor. Es muy amaderada con tonos florales o frutales tiernos: no pulpa ni jalea, sino la piel aterciopelada de albaricoque o melocotón, nada de olivo oloroso. La mezcla de cedro, sándalo y osmanto es maravillosa, con alcaravea fresca y picante. El olivo se mezcla con las maderas y da sensación de gamuza suave o pañuelo de seda de abuelos. Predomina el pachuli terroso y educado, cero hippie, cero Woodstock, te hace pensar en naturaleza y un jardín civilizado. La pega es que el anís se nota mucho. He probado muchos patchoulis y casi todos son iguales: o el hippie, o el frío severo, o el afrutado dulce. Este me ha hecho gracia porque, aunque lo has oído antes, te hace pensar que es agradable y fácil de usar. Es muy familiar, me hace pensar en alguien culto y simpático leyendo en el sofá. Muy europeo. La calidad de las notas es correctísima, naturales y bien orquestadas, sin acordes plásticos. PD: He leído a Luca Turin, que le da cuatro de cinco. Dice que abre con pachuli de estilo piercings, pero da un giro a la siempreviva con matices de fenogreco, y luego en el secado tiene un acorde amaderado magnífico que dispersa las notas tostadas como una brisa nocturna. Una preciosa fragancia.
Lo compré para Reyes porque es un pachuli donde lo frutal brilla sin caer en lo cursi. Al principio huele a ciruela o brandy, con un toque de iris justo que recuerda a la piel de la fruta. La humedad alcohólica y el etileno del pachuli evocan fermentación, nada de dulzor azucarado, sino esa faceta enjabonada de un baño antiguo, aunque con cierto aire seco. Es vintage pero no del todo, oscura sin ser selvática, pesada pero suave. Los equilibrios son excelentes.
Oye, este Patchouli Patch está muy bien. Al principio, como pasa con L’Artisan, no es el perfumón que anuncian, y creo que la versión actual está reformulada y aguada; si te interesa, busca frascos viejos y prepárate para esquivar a los bandidos de Sierra Morena. Pero me ha gustado mucho. No lo quiero llevar, pero tiene una calidad y composición guay. De los patchoulis que he probado, es el que más se acerca a mi añorado Gentleman: arcilloso y terroso. La mayoría, sobre todo en líneas menos conocidas, huelen a hierba quemada, con matices de cebolla ácida o musgo de roble, y la verdad es que no lo soporto. Me gusta para olerlo en otros, pero no para mí. El patchouli que busco es el de Gentleman, Aromatics Elixir o Cabochard: frío, terroso y con regusto a arcilla. Al olerlo por primera vez, me salta una lágrima, imposible no acordarme de Givenchy. Luego coge su propio camino sin perder ese recuerdo de Paul Leger. La nota de anís no es literal, sino su aura de picor, y sobre todo es muy amaderada con tonos florales o frutales tiernos, no la pulpa ni la carne, ni dulzor, sino la piel aterciopelada de albaricoque o melocotón, nada de olivo oloroso. La mezcla de patchouli, cedro, sándalo y osmanto es maravillosa, junto con la alcaravea fresca y picante. El olivo se mezcla con las maderas y a veces huele a gamuza suave o pañuelo de seda de abuelos. Predomina el patchouli terroso y educado, cero hippie, cero Woodstock, cero gótico; evoca naturaleza, espacios abiertos y un jardín civilizado, con el centelleo del osmanto haciéndolo agradable. Mi pega es que el anís sobra, aunque no sea fuerte, se nota mucho. He probado muchos patchoulis y casi ninguno sorprende: o el hippie a tope, o el frío de los clásicos, o el afrutado dulce de clones de Coco Mademoiselle. Este me ha hecho gracia porque, siendo algo conocido, te hace pensar que es agradable y fácil de usar. Es muy familiar, me hace pensar en alguien culto y simpático, leyendo en el sofá. Un patchouli muy europeo. PD: La calidad de las notas es correctísima, naturales y bien orquestadas, sin acordes plásticos. He catado una fórmula antigua, ya que las actuales dicen que son como el pan de cada día, agua sucia. Actualización: tras probarlo, creo que es de calidad excelente, algo raro en fragancias artificiales. Busqué la guía de Luca Turin y la reseña es de cuatro de cinco. Turin puede gustar o no, pero reseña con pasión perfumes de solera y odia las mierdecillas. Dice: “Esta maravillosa y engañosa fragancia abre con patchouli a estilo de piercings, pero al intentar decir ‘idiota’, gira noventa grados hacia una seductora nota de helicrisio, una flor rara con matices de fenogreco, tan difícil de interpretar como una girafa bajo las sábanas. Ya apareció en Sables de Annick Goutal y Eau Noire de Dior, pero es agradable volver a verla. Luego, en el secado, con reminiscencias de Timbuktu, tiene un acorde amaderado que dispersa las notas tostadas como una brisa nocturna. Un precioso perfume del que algunos prefieren el tercer movimiento por sí solo”.