Para mujeres
Silences Jacomo
Acordes principales
Descripción
Silences de Jacomo es una fragancia que irradia la elegancia etérea de un jardín secreto bajo la luz del alba. Su composición, iniciando con notas altas de gálbano empapado de rocío, casia crujiente, y el chispeante toque cítrico de limón, invita a un despertar sereno y refrescante. La bergamota y la flor de azahar del naranjo se entrelazan hábilmente, añadiendo una profundidad única que abraza el alma.
En el corazón de Silences, encontramos un ramillete floral exquisitamente balanceado donde el jacinto, lirio de los valles y narciso se funden en perfecta armonía con el iris y la rosa, evocando la delicadeza de los sentimientos más puros. La presencia del jazmín aporta un toque voluptuoso, uniendo los componentes florales en una danza olfativa inolvidable.
La base de esta enigmática fragancia está anclada en el musgo de roble, el vetiver y el cedro, aportando una profundidad y madurez que rememora a un bosque ancestral en su máxima expresión. La calidez del almizcle ambreta, junto al sándalo y el almizcle, envuelven este perfume en un halo de misterio, haciendo de Silences una opción perfecta para quienes buscan dejar una huella inolvidable en su paso por el mundo.
Silences, una atmósfera de elegancia sutil, es una invitación a explorar la profundidad de nuestros silencios internos, convirtiéndose en una fragancia indispensable para el repertorio de cualquier amante del buen perfume. Ideal para momentos en los que la presencia se dice en susurros, esta colonia se presenta como una obra maestra de la perfumería, ofreciendo una atomización que es a la vez un refugio y una declaración.
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Notas clave
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- Negativo 14%
- Neutral 2,5%
Pirámide olfativa
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El perfume SILENCES DE JACOMO definitivamente se destaca del montón, no tiene comparación con los de Dior, Burberry o Benetton. Se lleva de calle en cuanto a elegancia, pero sin dejar de ser fresco.
Probé el perfume SILENCES DE JACOMO allá por 1996, y me enamoré completamente de su fragancia, que mezclaba el frescor de distintas flores, dándole un toque muy vivo y peculiar. Cada vez que lo usaba, estaba segura de captar la atención, porque siempre había quien me halagaba por lo bien que olía. Es una verdadera lástima que no pueda hallarlo más en Chile, mi país. Si alguien tiene algún tip sobre dónde podría encontrarlo, estaría eternamente agradecida.
Suave y natural, aunque con un toque algo seco. Inspirada por la crítica tan positiva de @AnnaCé, quién lo comparó con ponerse una tisana sobre la piel, definitivamente encuentro esa esencia, aunque esperaba algo más fresco y menos con un aire polvoriento y leñoso (noto bastante el iris, el gálbano y el vetiver). Es un buen perfume, sin embargo, tiene un aire maduro y por alguna razón, me llena de melancolía. No me transporta a un bosque, sino a un lugar más íntimo, quizás una caja de fotografías antiguas, o un guardarropa que huele a antigüedad y guarda trajes de otras décadas. Realmente deseaba enamorarme de él, pero simplemente no ha sido así. Espero que la persona con la que lo intercambié encuentre en él lo que a mí me faltó.
Cada vez que me pongo Silences, me siento un poco nostálgico. No es que tenga un montón de recuerdos personales vinculados a él, pero me recuerda mucho a los aromas que predominaban hace unos cuarenta años. Me hace pensar en mi madre, en mis maestras, en las mujeres que veía por la calle… Hay algo en ese aroma que despierta una melancolía profunda en mí. Es una tristeza extraña pero familiar, cálida y reconfortante, pero a la vez, algo de lo que prefiero mantenerme alejado. Me debato internamente sobre si debo sumergirme en esos recuerdos del pasado o mantenerme en el presente, pero siempre acabo por permitirme un momento para revivir esos tiempos pasados. Por eso, a veces, aplico una gota de Silences en mi muñeca, para sumergirme en esa dulce tristeza a propósito, como si me permitiera revolcarme en el barro de la nostalgia por un momento.
Lo que realmente me atrae de Silences no es solo el aroma, sino cómo capta la esencia de los ochenta. A menudo simplificamos las décadas en simples clichés, pero los ochenta fueron más que solo fragancias florales o moda excéntrica. No todos eran como Cindy Lauper o Madonna. Había gente común, yendo a trabajos cotidianos, vistiendo modas de la época, pero de una manera más sutil y realista. Silences evoca esa versión de los ochenta, con su aura de urbanismo limpio y formal, los colores grises, beige y los cortes de ropa sobrios. Si quieres entender cómo olía realmente esa era, sin los excesos con los que solemos recordarla, Silences es un viaje directo a esos días.
En cuanto a su composición, empieza con un golpe verde y crudo, lleno de notas naturales, y luego se suaviza hacia un bouquet floral, terminando en una frescura limpia y dulce. Pero lo que hace especial a Silences no son solo sus ingredientes, es cómo, a pesar de compartir notas con otros perfumes de su tiempo, se destaca por capturar un momento específico de la historia, esos inicios de los ochenta de una manera que ningún otro aroma parece hacerlo. Es la manera en cómo evoca la vida cotidiana de las mujeres de esa época, las pioneras que comenzaron a ocupar espacios habitualmente reservados para los hombres, con su fuerza y determinación aún emanando a través de su elección de perfume.
Y aunque, al final del día, el aroma no me remite a una naturaleza indómita o salvaje, sino más bien a una versión idealizada de la misma, hecha para encajar en un ambiente urbano y moderno, no puedo evitar sentir que también captura algo del espíritu de una Europa del Norte de esos tiempos, algo fresco, limpio, y de alguna manera, inexplorado.
Este perfume solía ser mi favorito cuando era más joven, realmente lo adoraba.
Después de mucho tiempo decidí comprarlo nuevamente, pero me ha dejado completamente desilusionada. Parece que han cambiado la fórmula porque ya no es lo que era antes.
Me siento como si estuviera adentrándome en un bosque cubierto de musgo después de la lluvia, todo vibrante de vida y repleto de una fragancia natural intensa. Es como una mezcla entre lo floral y lo verde, lo vivo y lo tranquilo.
Es increíble cómo este perfume, Silences, te envuelve en la frescura del otoño, justo cuando el aire se siente más vivo con los secretos que solo la naturaleza puede guardar. Y esa sensación de estar rodeado por hojas crujientes de mil colores es simplemente inigualable.
Este perfume es una obra de arte, tanto en su presentación misteriosa en una botella negra como en su nombre intrigante. Tiene esa cualidad casi mágica de sentirse tan cercano a la vida con sus notas verdes y florales que te hablan de nuevos comienzos, pero al mismo tiempo, porta una atmósfera de misterio y rareza que fascina. Me recuerda a esas obras de arte que te hacen mirar dos veces, desconcertante pero irresistiblemente atractivo.
El aroma de Silences es una exploración profunda de lo verde, desde un inicio intenso y un poco amargo, hasta llegar a un toque dulce y luego revolverse con notas cítricas para recordarte su esencia audaz y distintiva.
Comparado con Chanel 19, Silences tiene su propio carácter fuerte, llenando esos espacios que Chanel quizás deja atrás, aunque hay que admitir que Chanel lleva la delantera en cuanto a durabilidad.
Lo que más me impresiona es cómo este perfume maneja el equilibrio entre lo verde, lo floral y esa base de musgo, creando una experiencia que es tanto fresca como profunda. Es el tipo de fragancia que te invita a mirar por la ventana durante una tormenta de primavera, observando cómo la lluvia dibuja senderos en los cristales y el viento trae consigo frescura. Realmente, es una fragancia para reflexionar, ideal para los días otoñales sin comparación.
Y algo tiene este perfume, una corriente de aire fresco que parece llevarte desde el primer momento hasta el último suspiro de su fragancia.
Increíble, aunque ha cambiado. Todavía puedo recordar cómo olía este perfume en los 80. Tiene un toque fresco que me hace pensar en el Chanel n°19.
Recién experimenté de nuevo ese perfume que tiene ese toque único de la tierra, con su aroma a hojas, madera y hierbas. Me hizo retroceder en el tiempo, a esos momentos tan especiales de la infancia. Me sentí como si mi padre me estuviera dando un abrazo de despedida otra vez.
Supongo que lo relaciono con él debido a esa sensación clásica que me evoca, además de que las esencias finales, como el musgo, vetiver, sándalo y cedro, me parecen fuertemente masculinas, añadiendo un aire de enigma al perfume. Es sorprendente cómo ciertos olores pueden llevarnos de vuelta a momentos vividos.
Apartando un poco mis recuerdos personales… en cuanto al perfume Silences, las notas florales en mi piel son pasajeras y son las notas de base las que realmente se destacan. Creo que es perfecto para ocasiones formales y para usar por la noche. Su duración es bastante buena y deja una estela agradable.
Maravilloso, aunque reformulado. Todavía recuerdo el olor de este en los 80; tiene una nota verde que me suena a Chanel n°19.
Silences me pone triste. No tengo recuerdos asociados, pero huele a las mujeres de hace cuarenta años, mi madre, mis profesoras… algo me hace click y me invade la melancolía. Es como una manta caliente que te abraza pero también te atrapa. Por eso vuelvo a ponerme una gota para sentirme triste a conciencia. Lo mejor es que te lleva directo a los ochenta, no a la versión simplificada con florales borrosos, sino a la realidad: gente normal en oficinas grises, ropa oversize, faldas largas y zapatos masculinos. Huele a esos jerseys de punto gris, a mujeres funcionarias con chalecos y botas arrugadas. Es un 1981 europeo, gris e industrial, distinto a la versión naif de Vent Vert. Aislando lo personal, huele a suavizante para toallas inspirado en un bosque, completamente manufacturado, con algo que me hace visualizar el norte de Europa.
Hoy volví a oler ese aroma terroso, verde y amaderado que me transporta directo a mi niñez. Es como estar en los brazos de mi padre al despedirse. Quizás lo asocio con él porque conserva ese toque clásico y las notas de fondo, como el musgo de roble, vetiver, sándalo y cedro, son muy masculinas pero también misteriosas. Qué increíble cómo los recuerdos se atan a los olores. Dejando la nostalgia atrás, en Silences las flores son efímeras y dominan las notas de fondo. Lo veo ideal para vestir formal y por la noche. La duración y la estela son buenas.
Silences me pone triste sin motivo, pero su olor me transporta a las mujeres de los ochenta: mi madre, mis profesoras, las de siempre. Es una melancolía que te abraza como una manta caliente pero también te atrapa. Lo uso para sentirme un gorrino en el barro, para recordar esos años limpios y urbanos, con cuadros grises, siena y beiges. Huele a jerseys oversize de punto, faldas largas y zapatos masculinos; es la esencia de la mujer normal que iba a trabajar, nada de excesos. No es un bosque salvaje, sino una naturaleza manufacturada y suave, con un toque que me recuerda a Alemania del norte. Aunque comparte notas con otros perfumes, su ‘tipografía’ olfativa es inequívocamente de 1981, un año gris, industrial y cotidiano que solo él puede evocar. Al final, es como un suavizante para toallas inspirado en el bosque, idealizado y perfecto para esos recuerdos de niño.
Silences de Jacomo huele a reliquia de otra época, donde los verdes radicales y los aldehídos reinaban. Como diría Oscar Wilde, la nostalgia es una trampa que idealiza lo que nunca fue, y eso es justo lo que pasa aquí. Al principio, el gálbano golpea fuerte, un verde furioso que no cede, pero no es ese frescor de bosque primaveral; es un verde áspero, casi metálico, que huele a hierbas secas aplastadas y polvo. Los aldehídos recuerdan a los días dorados de Chanel No. 19, pero aquí son fantasmas desconectados, sombras de algo que ya no importa. Las flores intentan salir del caos herbáceo, pero solo logran un gesto rápido que se va antes de tocar la piel. Mientras Chanel No. 19 es una obra maestra, Silences parece un imitador perdido en su propio ruido verde. Como dijo Dalí, solo temo al pasado repetido sin sentido. Este perfume es un eco de algo que no necesitaba copiarse. Si su único valor es su ‘relevancia histórica’, pues el futuro no necesita mirar tanto atrás. Para los nostálgicos del vintage quizás sirva, pero para el resto huele a homenaje desentonado, no a un clásico que dure.
Silences de Jacomo suena a reliquia de otra época, donde los verdes radicales y los aldehídos mandaban. Como diría Oscar Wilde, la nostalgia es una trampa: idealiza lo que nunca fue, y eso es justo lo que pasa aquí. Al principio, el gálbano pega como un martillo, un verde furioso sin tregua. No es ese frescor de bosque primaveral, sino un verde áspero, casi metálico, que huele a hierbas secas aplastadas y polvo. Los aldehídos intentan recordar los días dorados de Chanel No. 19, pero aquí son fantasmas, no protagonistas; se sienten desconectados, una sombra insistente en algo que ya no importa. Las flores luchan por salir de tanto caos herbáceo, pero solo logran un gesto pasajero, una brisa que se va antes de tocar la piel. Mientras Chanel No. 19 es una obra maestra, Silences parece un mal imitador perdido en su propio ruido verde. Como dijo Salvador Dalí, no temo al futuro, solo al pasado repetido sin sentido. Este perfume es un eco de algo que no necesitaba copiar. Si su único valor es su “relevancia histórica”, entonces el futuro no necesita mirar tanto atrás. Para los nostálgicos del vintage quizás tenga algo, pero para el resto, Silences huele más a homenaje desentonado que a clásico que dure.
En el abrazo del musgo húmedo, los olores se duermen. Es fino, verde, lleno y florido. Las brisas frescas y ásperas del otoño me llevan al bosque mientras el viento susurra secretos a quien lo merece. Las hojas de vivos colores crujen sin parar. Silences es hermoso y a la vez espeluznante. Desde su botella opaca y negra, parecida a una urna, hasta su nombre, un poco mortal, es un perfume surrealista. Está conectado con la vida, con notas verdes y florales que significan renovación, pero extrañamente desconectado de lo familiar, un poco raro. Me recuerda a un cuadro de René Magritte: tan realista que resulta desconocido, es decir, surrealista. En esa pintura, las esferas abstractas se ciernen sobre un campo realista, haciéndolo extraño. Silences de Jacomo es verde hasta el extremo; después de un inicio de gálbano amargo y herbáceo casi calcáreo, añade una gota de dulzura con la flor de azahar, pero luego echa limón y bergamota a la mezcla solo para que sepas que no bromea con su verde tan radical. Silences es mucho más nítido (¿irónico, no? teniendo en cuenta el nombre?) que Chanel 19 y, en cierto sentido, llena todos los huecos que Chanel 19 deja vacíos, reconociendo que la durabilidad y el desarrollo del Chanel son sin duda mejores. Para mí, todas las facetas de este perfume están tan perfectamente equilibradas: el verde, las flores, el musgo de roble. Me resulta interesante que sea un verde frío, no cálido. Me trae a la mente sentarme en una ventana viendo una tormenta de primavera, gotas de lluvia golpeando el cristal, un viento frío en los árboles. Parece un perfume contemplativo, una fragancia otoñal que tiene pocos rivales. Y ese viento fresco, venga de donde venga, lo acompaña de principio a fin.
Lo usé en 1996 y me encantó ese aroma verde floral, súper fresco; la verdad, no pasaba desapercibido y siempre alguien me elogiaba el perfume. Es una pena que en Chile ya no lo encuentre, si alguien sabe dónde conseguirlo, me ayudaría mucho.
Fue el perfume de mi juventud y era maravilloso. Lo he vuelto a comprar después de años y lloraría de pena. No se parece en nada, supongo que lo han reformulado.
SILENCES DE JACOMO no tiene ni pizca de Dior, Burberry ni Benetton. Es muchísimo más elegante y vestido, sin perder esa ligereza que tanto le gusta.
Ligero, verde y seco, aunque @AnnaCé lo comparó con una infusión y tiene razón. A mí me esperaba algo más acuático y menos atalcado; el iris, el gálbano y el vetiver me suenan demasiado a madera. Me parece un poco aseñorado y, extrañamente, me da nostalgia. No pienso en un bosque, sino en una caja llena de fotos en blanco y negro o en un armario con olor a naftalina y ropa antigua. Lo quería mucho, pero no ha sido mi cupo. Espero que quien lo intercambié conmigo lo disfrute más y lo valore mejor que yo.