Para mujeres
Givenchy III Givenchy
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Descripción
Descubre la elegancia y la sofisticación encapsulada en cada atomización de Givenchy III, una fragancia que representa la esencia de la alta costura parisina. Desde su lanzamiento por la prestigiosa casa Givenchy, este perfume ha sido sinónimo de clase y distinción, proyectando una imagen de lujo y refinamiento.
La composición de Givenchy III es una meticulosa selección de notas que embriagan los sentidos desde el primer instante. La apertura vibrante de gálbano se entrelaza magistralmente con aldehídos frescos, gardenia exquisita, y toques cítricos de bergamota, durazno y mandarina, creando una impresión luminosa y alegre. El corazón floral se revela con pureza, donde el jacinto, la raíz de lirio, el narciso, el jazmín, el clavel, el lirio de los valles, y la rosa despliegan su máxima expresión romántica y delicada.
El fondo de Givenchy III es una base profunda y duradera que evoca la calidez y el misterio, gracias a notas como el musgo de roble, vetiver, sándalo, pachulí y mirra. Toques inesperados de ámbar y coco añaden una dimensión rica y exótica, convirtiendo a este perfume en una obra de arte olfativa.
Givenchy III es más que un perfume, es un viaje a través de las emociones y los recuerdos, ideal para la mujer que busca expresar su individualidad y estilo con elegancia y sutileza.
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Descubrí GIVENCHY III por una adorable miniatura que me dejó mi madre, una pieza que me sumergió en el mundo de los perfumes y a la que ahora atesoro. Me parece una auténtica joya. Este perfume tiene un toque chypre fresco, pero contrariamente a lo que uno esperaría, sus notas florales no son suaves ni dulces. En su lugar, presentan una frialdad casi metálica, lo que le da una versatilidad única, apta tanto para hombres como para mujeres. Lo asocio con Calandre de Paco Rabanne, pues ambos rompieron moldes en su tiempo, reflejo de una era donde la moda y la arquitectura se entrelazaban, buscando inspiración en formas geométricas innovadoras y en materiales inusuales. En resumen: considero que GIVENCHY III, aunque ya no se fabrique, sigue siendo un emblema de creatividad y sofisticación.
Recuerdo haber usado este perfume cuando estaba en la onda de los años 70.
Soy hombre y este aroma me encantaba, tenía un aire similar al Givenchy Gentleman, pero con su propio giro único.
Al igual que mencionó pablOSO, siempre pensé que este perfume no estaba limitado a un solo género; realmente cualquiera podría llevarlo.
No logro captar la razón por la que dejaron de producir este perfume. Simplemente te envolvía en una sensación de felicidad pura y te hacía sentir realmente distinguido. Es una pena de verdad.
Este perfume realmente me encantaba, era como mi firma personal allá en 1979; llegué a tener tres frascos… Para mí, tenía este aroma increíble que me hacía pensar en un bosque mágico, sumamente fresco y con una sensación de pureza, lo que lo hacía perfecto para el día a día. ¡Definitivamente capturaba el espíritu de esa época!
Recientemente tuve el placer de sumergirme en la esencia de Givenchy III, una joya olfativa que se destaca como uno de los ‘chypres verdes’ más emblemáticos jamás creados. Este legendario perfume, que marcó los años 70, fue el primero de Givenchy en alcanzar los rincones más distantes del mundo.
Su composición, rica en chypre floral, desprende un aroma embriagador incluso antes de ser aplicado, gracias a sus notas de durazno y musgo que evocan recuerdos de fragancias legendarias como Mitsouko y Femme. Sin embargo, este perfume lleva las esencias herbales a otro nivel, brillando con una intensidad única, cortesía de sus aldehídos.
Al aplicarlo, sus primeros instantes en la piel son intensos y directos, casi metálicos y ácidos, pero pronto este ‘golpe’ olfativo da paso a una experiencia más sofisticada. Las notas de pachulí, cilantro, galbano y vetiver que dominan al principio, suavizan su intensidad para fundirse armoniosamente en la fragancia.
Entonces, se revela el verdadero corazón floral de Givenchy III, con el muguete y el jacinto emergiendo poderosamente, seguidos de una presencia casi secreta de gardenia. Este giro no sorprende completamente, dado que el muguete ha sido una constante en las primeras creaciones de Givenchy, pero su incorporación aquí es simplemente magistral.
Después de los primeros minutos intensos, el perfume se transforma, pasando de una agudeza inicial a una expresión más suave, cálida y dulce de ambar, talco y dulzura, con notas de rosa y bergamota que se destacan tras un tiempo en la piel.
Lo que realmente valoro de Givenchy III es cómo sus acordes florales se presentan con claridad y confianza, destacándose con orgullo, algo no siempre común en chypres de este estilo, que tienden a ser más reservados. Al final, lo que perdura es una impresión dulce, atalcada de muguete, única en su género.
En definitiva, Givenchy III es una experiencia olfativa refinada y compleja, un viaje a través de lo verde, lo especiado, lo floral y lo cítrico, ensamblado de manera impecable. Sin duda, un tesoro entre los perfumes.
Mi padre me sorprendió con este perfume cuando apenas tenía 12 años, lo cual me pareció una elección curiosa. Aún hoy me vienen a la mente recuerdos de un aroma que me resultaba demasiado serio y avanzado para mi edad, una mezcla intensa, con toques florales y de madera, que desprendía una sofisticación propia para ocasiones nocturnas o el ámbito laboral. Es curioso, porque de pequeña lo percibía como algo realmente pesado y adulto, aunque algunas personas ahora lo describan como fresco.
El perfume Givenchy III es, sin duda, una joya poco conocida entre las creaciones de Givenchy, especialmente si consideramos sus lanzamientos hasta 2004, que estuvieron llenos de maravillas olfativas. Este perfume lleva un nombre sencillo pero moderno, reflejo de la elegancia minimalista y la composición meticulosa y pensada que guarda en su interior. Aunque uno podría pensar que su carácter es rígido a primera vista, resulta ser un aroma disciplinado y con un toque intelectual que, sorprendentemente, se suaviza al secarse, revelando un toque femenino pero equilibrado, perfecto tanto para hombres como para mujeres, sin caer en los típicos aromas dulces o almizclados. Es una fragancia que inicia con fuerza, casi un golpe, con notas aldehídas que rápidamente dan paso a un musgo audaz. Su corazón, de un verde que oscila entre lo vibrante y lo melancólico, no termina de convencerme. El secado, sin embargo, es sencillamente sublime, transformándose en una mezcla amaderada y polvorienta con toques de narciso y jacinto, que logran una suavidad y una profundidad emocionante. Givenchy III destila la esencia de la casa de moda, con un estilo más intelectual y menos ostentoso que otras marcas, manteniendo una elegancia innata. Guardo con cariño una edición vintage de este perfume, aunque desearía tenerlo en la presentación más común, la cual creo que complementa aún más su carácter. Por desgracia, la versión moderna no está a la altura, siendo poco más que un recuerdo coloreado de lo que fue. En resumen, es un perfume que encapsula la precisión, la simplicidad sin perder gracia, y un legado de sofisticación que muchísimos desearían conocer.
Vivimos en una era fascinada por la novedad tecnológica, donde a menudo nos olvidamos de lo esencial: nuestros sentimientos. Existen fragancias que han dejado su marca en la historia, convirtiéndose en íconos amados por mujeres alrededor del globo. Estos perfumes, podríamos decir, no sólo han sido populares, sino que han capturado corazones a través del tiempo. Y lo más interesante de todo es que hoy en día, no hay razón por la cual un hombre no pueda disfrutar de estas obras maestras. Givenchy III, por ejemplo, es una fragancia clásica chypre, verde y floral, que nos recuerda la capacidad emocional que la perfumería moderna parece haber olvidado. Este perfume habla directamente al alma, recordándonos a esas imágenes en sepia, las melodías de un vinilo antiguo, o el abrazo de alguien que entiende tus miedos. Givenchy III empieza con una mezcla encantadora de notas verdes y cítricas, junto con frutas y flores, ofreciendo una frescura sutil antes de revelar una base amaderada, polvorienta y cálida. Mientras se asienta en la piel, despliega una elegancia nostálgica, haciéndolo ideal para esos momentos únicos que deseas recordar. Es sofisticado, pero al mismo tiempo accesible, similar a la risa sonora de una mujer elegante y confiada bajando su guardia. En resumen, es un perfume excepcional.
Recién me eché unas gotas de Givenchy III, una fragancia que se lanzó allá por 1970, con la firma de Françoise Latty y Raymond Chaillan detrás. Desde el primer momento, te envuelve una sensación fresca y terrosa, casi como si estuvieras paseando por un jardín antiquísimo, lleno de secretos y sombras bajo un árbol gigante que ha visto pasar el tiempo. Poco a poco, este aroma te lleva a un claro donde brillan flores blancas como el jazmín, el lirio del valle y el jacinto, añadiendo un destello de luz y magia al momento. Para cerrar con broche de oro, se asienta en un lecho de musgo de roble, patchouli y maderas, dándole un toque final robusto y genuino. Givenchy III es uno de esos perfumes poco conocidos pero intensamente queridos por quienes los descubren, una verdadera joya que te hace sentir toda una gama de emociones.
Desde 1970, el perfume Givenchy III, una creación de François Latty y Raymond Chaillan, te invita a un viaje único. Al primer contacto, te envuelve con notas cálidas de aldehídos y gálbano, imaginándote en un jardín misterioso y mojado de una mansión antigua, protegido por árboles gigantes que han sido testigos de secretos y aventuras de otro tiempo. Poco después, el aroma se adentra en un claro iluminado por la suave presencia de flores blancas como jazmines, lirios de los valles y jacintos, cada uno agregando un punto de luz a este paisaje encantador, como si cada flor tuviera una historia que contar. Finalmente, se asienta en una base robusta de musgo de roble, patchouli y maderas, otorgándole una sensación de pura naturaleza y resistencia. Givenchy III, aunque no todos lo conozcan, ha conquistado el corazón de quien lo prueba, convirtiéndose en un clásico que invita a ser redescubierto y apreciado por lo que realmente es: una pieza de arte emocional y atemporal.
En un mundo que corre buscando la última innovación, a veces olvidamos algo fundamental: nuestras emociones. Hay perfumes que han hecho historia, grandes clásicos femeninos amados por millones. Lo curioso es que hoy pueden usarlos tranquilamente los hombres. Es un chypre verde y floral clásico que evoluciona armoniosamente, recordándonos lo que se ha perdido en la perfumería actual: el poder de emocionar. Sabe hablar al corazón, como una foto antigua en blanco y negro o una canción en un viejo tocadiscos. Givenchy III es casi la perfección. Comienza con verdes y cítricos (gálbano y mandarina), frutas y flores (melocotón y gardenia) que dan jugosidad al verdor seco. Casi te hechiza su brillo coqueto hasta secarse en una base leñosa, polvorienta y cálida, como un baile de aromas donde una nota sustituye a la otra sin sobresaltos. El corazón es floral; yo solo noto rosa y clavel, y es cuando emana la exquisita elegancia de una época pasada. Es una excelente opción para guardar en momentos especiales. Refinada pero accesible, es como una mujer hermosa que baja la guardia y se echa a reír. Gran perfume.
Me gustaba mucho, me sentía muy identificada con esta fragancia; la usé allá por 1979 y tuve tres frascos. Para mí olía a un bosque encantado, muy fresca, verde y denotando limpieza, ideal para uso diario. Linda expresión de aquella época.
Yo usé este perfume en los setenta y soy hombre. Me gustaba muchísimo, era como la cara B de Givenchy Gentleman. Como dice otro, me parecía adecuada para ambos sexos.
Me encantan las fragancias verdes y al descubrir este Givenchy III, me rendí de inmediato. Es terroso, sombrío y profundo; bajo esa sobriedad, recuerda a lo lejos al Chanel 19, quizás por el gálbano, aunque este huele mucho más cálido y musgoso. Es un perfume severo y elegante, justo lo que busca una mujer refinada y segura de sí misma. No es para los pusilánimes, pero esas notas florales empolvadas de jazmín y muguet suavizan el conjunto, como si entrara el sol en un robledal. Qué pena que tenga tan poco reconocimiento; está por encima de otras de la casa, atrapadas en lo barato. Si hay algún chico sin prejuicios, le va perfecto. P.D.: Esta reseña es para el original de 1970; de la reformulación actual no sé nada y me da miedo probarla.
Givenchy III es catalogado como uno de los chypres verdes más perfectos de la historia. Otra icónica de los 70, la primera de la casa en ser distribuida mundialmente. Es un potente chypre floral que ya huele bien desde el atomizador sin pulverizarlo. El durazno y el musgo recuerdan a Mitsouko o a Femme, pero a diferencia de ellas, Givenchy III da más poder a sus acordes herbales/verdes y es más destellante por sus aldehídos. Al aplicarlo, los verdes son similares al Chanel N19: penetrantes, algo metálicos, medio ácidos, ‘sharp’ en inglés. No es malo, pero es punzante. Al instante sentimos su belleza; luego que el pachouli, cilantro, gálbano y vetiver bajan su influencia, todo se acomoda. Es cuando los acordes florales renacen del fondo, emergiendo por encima. Una nota de muguete exquisita empieza a latir en el centro, embellecida por el lado herbal y especiado. No deberíamos sorprendernos, las primeras fragancias de Givenchy tienen mucha presencia de muguete. El jacinto acompaña al muguete, la gardenia es tímida pero está ahí. La fragancia deja ese lado ácido y metálico inicial para darnos toda esta belleza floral herbal con toques especiados. Se vuelve más cálida, ambarosa, suave, atalcada y dulce tras unos minutos. La rosa la aprecio con el tiempo y la bergamota también, pero es después donde se reluce más. La combinación verde/herbal, especiado, floral y cítrico es increíble; cada parte tiene su momento y se ensambla armoniosamente. Lo que más aprecio son sus acordes florales, que aquí se relucen abiertamente. Tras una hora, solo se siente un muguete verdoso, atalcado y dulce. Exquisita. La reseña es sobre el extracto.
Hola, soy nueva en esto de coleccionar perfumes, así que perdonad si digo una barbaridad 🙂 A mí, esta fragancia al secarse, me recuerda muchísimo a Ange ou Demon… ¿A alguien más le pasa lo mismo? Saludos a todxs.
Yo usé este perfume en los 70 y soy hombre. Me gustaba muchísimo, era como la cara B de Givenchy Gentleman. Y como dice pablOSO, me parecía adecuada para ambos sexos.
Uno de los mejores perfumes históricos de Givenchy es también uno de los más desconocidos; su archivo hasta 2004 está lleno de joyas antes de que empezaran a sacar baratijas. Givenchy III tiene un nombre austero y vanguardista, sin poéticas evocadoras, solo disciplina elegante en el título. Estaba a punto de escribir ‘estricto’ en vez de ‘disciplinado’, pero no lo es. Es preciso e intelectual, pero sabe relajarse; esa delicadeza aparece al secarse, mucho más femenino que la salida insolente. Ojo, digo femenino, pero es unisex, sin secado avainillado random, sino de feminidad natural, con un dulzor herbáceo y floral delicioso. Para no dar más vueltas: Salida. Puñetazo aldehídico/musgoso. Me encoge el estómago el tono aceitoso de los aldehídos, pero duran un suspiro hasta relucir un musgo insolente y salvaje. Quizás algo ácido y trementinoso, pero al compás del aldehído es lo que hay. Corazón. Muy verde vía languidez, domina el gálbano, una nota que me recuerda al vetiver; ambas tienen esa consistencia tierna y muerta que pone los pelos de punta. Esta fase no me hace mucha gracia, se pierden los matices prometedores para coquetear con aguas florivegetales verdes de los setenta, esas fórmulas de verde desvaído. Los estertores del aldehído ayudan a esa consistencia blanda de hierba alicaída. Secado. GLORIOSO, lo pongo en mayúsculas porque te deja hipnotizado. Se pierde el cuerpo lacio y muta en una pasta amaderada y atalcada de flores, rica en narciso, jacinto y orris. Tanto el narciso como el jacinto han perdido su bravura, están domados y cogen matices terrosos y efervescentes, una consistencia de entresueño primoroso. Es la fase más femenina, pero nada que no pueda llevar un hombre, dado que tiene recuerdos de juventud más que de sexualidad. Givenchy III representa perfecto los estilos de la casa, más intelectual que Dior o Balmain, menos sexual que YSL y menos arty que Courreges. Hubert de Givenchy se situaba a medio camino, elegante y refinado, con intereses artísticos y vanguardistas, pero natural en lo orgánico. Militaba en la precisión y funcionalidad, despojar de lo superfluo sin perder la gracia. Esos conceptos estadounidenses están encerrados en este precioso chypre floral verdoso. P.D. Guardo un splash vintage de 130 ml, aunque la que me encantaría tener es la versión en el frasco cuadrado de Gentleman o Pour Monsieur, cuyo empaque potencia la disciplina y funcionalidad. La fórmula actual, no hace falta decirlo, es agua coloreada a setenta euros.
Uno de los mejores y más desconocidos de la historia de Givenchy. Antes de 2004, cuando empezaron a sacar baratijas, esta casa no paraba de lanzar joyas. Givenchy III tiene un nombre austero y vanguardista, sin poquitas historias, solo sobriedad elegante que revela una fórmula disciplinada. No es estricto, aunque parezca; es preciso e intelectual, pero sabe relajarse. Su secado es femenino, con un dulzor herbáceo y floral delicioso. La salida es un puñetazo aldehídico y musgoso que dura un suspiro antes de mostrar un musgo salvaje. El corazón es muy verde, con gálbano que recuerda al vetiver, una fase que no me enamora pero que encaja con los verdes desvaídos de los setenta. El secado es glorioso: muta en una pasta amaderada y atalcada de flores, con narciso y jacinto domados y terrosos. Es la fase más femenina, pero un hombre la llevaría bien por sus recuerdos de juventud. Representa el estilo intelectual de la casa, ni tan sexual como YSL ni tan arty como Courrèges. Hubert de Givenchy buscaba precisión y funcionalidad sin perder la gracia. Esos valores se encuentran en este precioso chypre floral verdoso. Por cierto, tengo un splash vintage, pero me encantaría tener la versión en el frasco cuadrado de Gentleman de los sesenta. La fórmula actual es solo agua coloreada a setenta euros.
Givenchy III es un chypre floral de 1970, creado por François Latty y Raymond Chaillan. Empieza con aldehídos y gálbano que te invitan a un paisaje verde, húmedo y sombrío, como el jardín de una casona antigua bajo los árboles, testigo de muchos sueños. Luego, entre la espesura, aparecen flores blancas: jazmines, lirios y jacintos, que iluminan todo como destellos de luz. Finalmente, descansa sobre musgo de roble, patchouli y maderas, dándole fuerza y naturalidad. Poco conocido pero amado, merece ser redescubierto como una obra de arte capaz de generar emociones.
Me lo regaló mi papá cuando tenía unos 12 años, una elección particular, porque en mi recuerdo evoco una fragancia formal, pesada para una niña, densa y madura. La recuerdo fuerte, floral y amaderada, elegante, para salir de noche o ir a trabajar. Obviamente, esa visión subjetiva de niña podría ser otra hoy en día, porque me sorprende que la describan como fresca.
Nunca he podido entender por qué descontinuaron este perfume; te hacía sentir un éxtasis de alegría combinado con la sensación de ser alguien con clase. Verdaderamente una lástima.
Solo probé este tío gracias a una miniatura vintage que me dejó mi madre y que guardo como un tesoro. Fue mi puerta de entrada al mundo del perfume y es una obra maestra: un chypre frío donde las flores no son tiernas, sino heladas y casi metálicas. Un aroma perfecto para ambos sexos. Givenchy III, junto con Calandre de Paco Rabanne, es una de las fragancias más vanguardistas de su época, cuando la moda se unía a la arquitectura y los materiales inusuales. Lástima que esté descontinuado; es uno de los grandes perfumes de un tiempo lleno de ingenio y elegancia.
Me encantan las fragancias verdes, así que cuando descubrí este Givenchy III no tardé en caer rendida. Es terroso, umbrío y profundo; en su aparente sobriedad me recuerda lejanamente a Chanel 19, quizás por el gálbano, aunque este es mucho más cálido y musgoso. Es un perfume severo y elegante, todo lo que una mujer refinada y dueña de sí misma puede desear. No es para pusilánimes, pero las notas florales empolvadas del jazmín o el muguet suavizan el conjunto, como si entraran rayos de sol en un robledal. Es una pena que no tenga más reconocimiento; está muy por encima de otras de la casa, atrapadas en lo cursi. Si hay algún chico sin prejuicios, lo usará perfectamente. P.D.: Esta reseña es para el Givenchy III de 1970; de la reformulación actual no sé nada y me da un poco de miedo probarla.
Nunca he entendido por qué descontinuaron este perfume. Te hacía sentir un éxtasis de alegría combinado con la sensación de tener clase. Verdaderamente una lástima.