Para mujeres
Joya Myrurgia
Acordes principales
Descripción
Joya Myrurgia es más que una fragancia; es una celebración de la sofisticación y la elegancia propia de una era apreciada por su atención al detalle y amor por los aromas envolventes y memorables. Desde su lanzamiento, Joya ha sido sinónimo de lujo y distinción, envolviendo a quien lo usa en un aura de misterio y encanto difícil de olvidar.
Al aplicar Joya Myrurgia, lo primero que seduce es la atomización de una mezcla cítrica vibrante, donde la bergamota, la mandarina, el limón y la lima abren el camino hacia un corazón florido y profundamente femenino. El ylang-ylang, junto con el clavel, el jazmín, el iris y la rosa, crea un bouquet floral exquisito y delicado, realzado por toques de azucena y lirio de los valles, que aportan una frescura inigualable al conjunto.
La base de Joya es rica y embriagadora, con el sándalo, la vainilla y la canela ofreciendo una calidez especiada y reconfortante. El ámbar gris, el benjuí, la haba tonka y el almizcle se ensamblan magistralmente para dejar un rastro persistente y seductor, que permanece como un susurro glamoroso de la personalidad de quien lo lleva.
Joya Myrurgia es, en definitiva, una joya de la perfumería clásica, ideal para la mujer que desea dejar una impresión de elegancia atemporal y refinamiento. Su composición compleja y armoniosa la convierte en la elección perfecta para ocasiones especiales, cuando destacar con gracia y distinción es esencial.
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Definitivamente un ícono entre los perfumes españoles, ese aroma que ha trascendido generaciones, desde nuestras abuelas y hasta incluso sus propias madres. Tiene una esencia intensa que no pasa desapercibida, pudiendo ser tanto cautivadora como algo abrumadora. Es un toque de antigüedad pero expresado de la manera más noble y distinguida.
Recuerdo haber visto un perfume parecido en casa de mi abuela. Es una fragancia de tipo floral antiguo, sencillo pero elegante, no tan lujoso como los de Chanel o Estée, pero tiene su encanto. Mezcla olores de flores clásicas con un toque cítrico y un fondo que recuerda al talco. Es de esos aromas tradicionales, fiables y bien hechos que no necesitan llamar mucho la atención para ser especiales. Son accesibles y cómodos de usar. Ojalá volvamos a ver más de este tipo de perfumes en vez de las mezclas modernas que no son para todos los gustos.
Este perfume me recuerda a la esencia clásica de mi abuela, aunque si tuviera que decidir entre usar los dulces aromas de frutas que están de moda y este, claramente preferiría Joya. Descubrí que aplicándome solo un poco, se convierte en una opción encantadora especialmente en los días fríos.
Joya de Myrurgia es un auténtico tesoro que muchas añoran desde que la marca dejó de producirlo. Era el tipo de colonia que, sin esfuerzos, se convertía en parte de la identidad de una mujer, evocando la nostalgia de una época donde el perfume era una declaración de elegancia cotidiana. Con un toque táctil de lo vintage, Joya no buscaba solo atraer, sino llenar el ambiente con una presencia cálida y familiar. Nuestras abuelas y madres lo veían como su elección natural para vestirse con esmero, accesible a todas y de una calidad inesperadamente alta para su precio, reflejo del legado de Myrurgia antes de ser parte de Puig. Aunque ya no se encuentra en tiendas, quien logre poseerlo hoy capturará la esencia eterna de una fragancia que trasciende tendencias, encarnando la magia de sus mejores días. Es, en resumen, ese raro tipo de perfume que sigue deslumbrando como un distintivo de personalidad y lealtad inquebrantable hacia un aroma único.
PerfumeLover783, este aroma me remonta a esos momentos únicos y preciosos que guardo con cariño en mi memoria. Es como si cada nota del perfume contara una historia personal, envolviéndome en una sensación de nostalgia y afecto. ¡Gran trabajo!
JOYA de Myrurgia
Aunque parezca que las cosas buenas quedan atrás, hay algunas como la JOYA DE MYRURGIA que siguen vivas en el recuerdo, esperando a ser redescubiertas. Con un frasco que recuerda a un precioso diamante amarillo, este perfume me trae recuerdos de mi infancia en Castilla, entre campos dorados bajo el sol.
Aunque nunca lo he usado personalmente, está entrelazado con mis recuerdos más preciados, especialmente aquellas festividades en familia. Recuerdo cómo mi madre se arreglaba los domingos, su estilo de los años 70, su traje distintivo y el toque final, ese perfume que coronaba su elegancia.
Recientemente, tuve la suerte de encontrar un tester de este perfume, y por fin, puedo decir que lo he incorporado a mi propia colección, reservándolo para esas noches especiales de otoño e invierno. Además, encontrar otro para mi madre y ver su sonrisa al recibirlo ha sido un regalo inolvidable.
Saludos,
Mayo de 2018: He querido compartir mi experiencia ahora que finalmente puedo hacer de JOYA una parte de mis momentos especiales.
Encantador.
Crecí con comentarios sobre cómo Joya tenía un olor fuerte, que podía ser demasiado intenso y poco refinado. Sin embargo, siempre me ha intrigado. Las mujeres mayores de mi entorno siempre tenían una botella en su estante. No hay nada que disfrute más que caminar por la ciudad en un día de invierno, disfrutando del fresco aire mezclado con el aroma de Joya, emanando de varias señoras que acaban de salir de la iglesia o están en camino a tomar su merienda. Es una fragancia que evoca calidez, ternura, feminidad y sutileza.
Para mí, Joya evoca las manos cuidadas pero curtidas de las mujeres mayores, suavizadas por su crema nocturna, el aroma de platos exquisitos, hogueras chispeantes, la magia de la Navidad, la sensación de ropa eternamente cómoda y pulcra, una fotografía vieja con unas palabras cariñosas, el irse a dormir en paz y soñar con ángeles. 🙂
Es un perfume sencillo pero extraordinario, con esencia de hogar.
Gracias a ti, FraganciaFL9, por evocar tantos recuerdos maravillosos…
Después de mucho buscar, finalmente pude hacerme con esta colonia gracias a alguien cuya abuela pensaba que olía demasiado intenso para su gusto, y me la vendió por casi nada. Vino con un jabón perfumado que ahora uso para aromatizar mis sábanas.
La esencia me transporta a los días especiales de mi infancia, recordándome a lo que mi madre se ponía los domingos y en celebraciones. Entre semana prefería Vanderbiltz, pero reservaba este aroma para momentos más significativos.
Al aplicarlo, la primera impresión es una deslumbrante mezcla de aldehídos, envuelta en las notas frescas de bergamota y mandarina. Con el paso de los minutos, emergen delicadas capas de azucenas, jazmín, ylang-ylang y un toque especial de clavel.
Finalmente, se asientan las notas base, revelando una vainilla sutilmente empolvada complementada con matices de benjuí, canela y haba tonka; creando un aroma acogedor, brillante y lleno de vida.
Es un perfume intenso y dulce. Con un carácter clásico y muy femenino. Ofrece una frescura y elegancia inconfundibles, evocando recuerdos atemporales que me llevan de vuelta a mi niñez y que seguramente quedará en la memoria de quien tenga la oportunidad de olerlo.
Recuerdo que su aroma perduraba mucho tiempo, especialmente en la ropa. El ritual de mi madre consistía en aplicarse unas pocas gotas en puntos clave como orejas, cuello, escote y muñecas antes de salir, ya fuera a misa o a cenar fuera. Esos días, su aroma se quedaba conmigo hasta el final.
Hoy lo he usado y me ha durado más de 5 horas en la piel, siendo ideal para cualquier época excepto en los días más calurosos del verano.
Siempre fue un perfume accesible, que adquiríamos en la droguería local. Su botella, gruesa y tallada en forma de diamante, era tan hermosa que la conservaba vacía para poder revivir su aroma con solo destaparla. Existían distintas presentaciones, algunas con atomizador, otras acompañadas de pañuelos o jabones, en estuches o cajas de raso.
Era una fragancia muy popular entonces, al lado de otras como Maderas de Oriente, Embrujo, Maja, Tabú… que marcaban una era de exotismo oriental en España.
Redescubrirla ha sido maravilloso. He disfrutado cada momento y, conforme el frasco se va vaciando, lo colocaré en mi estantería de tesoros, esperando que me dure toda la vida…
Me trae recuerdos de aquel verano en el pueblo de mi abuela
Cada vez que cierro los ojos, me veo de nuevo en aquellos días de verano en el pueblo de mi abuela. Allí conocí a Carmen, una persona que marcó mi infancia con su presencia imponente y su forma de ser tan única. Era como aquellos personajes inolvidables de las películas, con una personalidad fuerte, materna y divertida. Carmen vivía su vida con pasión y tenía esa forma de ser independiente que me impresionaba. Aunque siempre tuviera admiradores, ella eligió ser fiel a sí misma, manteniendo su corazón dedicado a un amor que no pudo ser.
Recuerdo entrar en su casa y notar el perfume JOYA de Myrurgia que solía usar. Ese olor se convirtió en algo único cuando lo llevaba Carmen. Años después, descubrí CHANEL Nº5 y pude ver cómo JOYA fue una joya para nosotros en aquel entonces. A pesar de conocer nuevos perfumes, JOYA tiene su propio encanto. Comparando sus notas con las de CHANEL Nº5, sus parecidos son sorprendentes, ambos tienen esa explosión de aromas que te envuelve completamente.
Las notas de cítricos, junto con un bouquet de flores, crean una fragancia intensa que podría conquistar a cualquiera. Y aunque haya otros perfumes con similitudes, para mí, JOYA siempre será ese recuerdo de Carmen, de su fuerza y de aquellos veranos que nunca olvidaré.
Cuando vuelvo a pasar por el pueblo y siento la brisa de la noche, casi puedo escuchar el eco de su risa y ese aroma inconfundible que dejaba a su paso.
Este perfume me hace viajar en el tiempo a los momentos más dulces de mi infancia. Es como si mi querida abuela Trinidad, que aunque ya no esté físicamente con nosotros, su esencia sigue viva en mi recuerdo. Las fragancias JOYA y FARALA eran las que siempre usaba, y cada vez que huelo algo similar, es imposible no pensar en ella y sentir que de alguna manera, sigue a mi lado.
Guardo con mucho afecto un pequeño frasco que pertenecía a mi abuela, es un tesoro personal para mí. A través de dos perfumes únicos, Anouk y Joya, logro mantener viva su memoria. Joya, en particular, parece una versión más accesible y económica del famoso No. 5, pero honestamente, no tiene nada que envidiar. Su aroma es más fresco y ligero, con un toque cítrico delicioso. El ylang ylang ocupa una posición central en su composición y, considerando que mi botella debe tener más de 40 años, la calidad de sus ingredientes es innegable, habiendo resistido el paso del tiempo de manera admirable. Joya, con su esencia vintage y clásica, era la elección de mi abuela para los momentos más especiales, mientras que Anouk la acompañaba en su día a día. Un recuerdo amoroso hecho aroma. Te extraño, abuela.
Siempre fui fan de ese perfume que ya no se encuentra, realmente es un misterio por qué dejaron de fabricarlo. Tenía su grupo fiel de seguidoras de siempre y sé que habría encantado a las nuevas generaciones, ya sea como compra frecuente, ocasional o incluso por el simple gusto de revivir memorias. Otros perfumes, como Tabú y Maja, han demostrado que con el empaque correcto pueden captar la atención de mucha gente y después ganárselos solo con su aroma.
Joya no era para cualquiera, tenía un tipo de mujer en mente, diferente a las que preferían otras fragancias más modernas.
Para mí, Joya evocaba la imagen de mujeres españolas de tiempos difíciles, vestidas todas de manera similar, como si quisieran comunicar o reivindicar algo a través de su presencia y vestimenta. Esta uniformidad era una forma de reconocerse y conectar entre ellas, como contando la historia de un pasado difícil que se negaban a olvidar.
Todas compartían un atuendo similar, sumido en el luto, pero la diversidad entre ellas se notaba en las joyas que portaban para ocasiones especiales. Eran dueñas de su camino, caminando por la ciudad perfumadas con Joya, algunas incluso armadas con un bastón con historia. Mi abuela era una de ellas, una verdadera representación de la mujer Joya.
Recuerdo que Joya era accesible para todos y tenía un aroma intenso y perdurable que definía la presencia de mi abuela. Su habitación siempre tenía el aroma de Joya, y para nosotras, sus nietas, era un juego probarnos un poco de su perfume, aunque siempre fingía no darse cuenta.
Con los años me di cuenta de que este perfume influyó en mi preferencia por ciertas notas olfativas, compartiendo muchas con mi perfume favorito. Desearía que volvieran a producirlo tal como era; sé que muchos, incluyéndome, lo apreciarían enormemente.
Recientemente tuve la oportunidad de probar un perfume que encontré medio olvidado en casa de mi pareja. Al principio, no me convenció mucho; tenía un aroma inicial que me recordaba al olor tradicionalmente asociado con los mayores, algo entre jabonoso y herbal, bastante almizclado. Pero conforme pasa el tiempo, se transforma notablemente. Empiezan a destacar unas notas de ámbar dulce y flores, creando una sensación muy agradable, suave y bien balanceada. Se le suman unos toques ligeros de especias que lo hacen excepcionalmente cómodo de llevar. Aunque no me ha fascinado del todo, debo admitir que tiene su encanto, especialmente por cómo se presenta la vainilla en él, con un carácter amargo y casi como de remedio, que me parece bastante único.
Para mí, ‘Joya’ es una cápsula del tiempo en forma de aroma. Desde pequeña, este perfume ha tejido sus notas a través de la historia de mi familia, comenzando con una historia fascinante: con solo 14 años, mi madre dejó su hogar para trabajar en una perfumería en Barcelona, una experiencia que marcó el comienzo de su viaje, junto con su hermana, para apoyar a mi abuela. La generosidad de los propietarios de la tienda se manifestó al regalarle este perfume tan especial, que desde entonces, ha sido más que una fragancia para nosotros; se ha convertido en un legado familiar. El año pasado, tuve la suerte de encontrar este perfume y fue sorprendente descubrir cómo su esencia se ha mantenido intacta a lo largo de los años. Su aroma limpio y distinguido, aunque pueda parecer un poco anticuado para algunos, para mí es la perfecta representación de la elegancia y feminidad. A pesar de que los tiempos cambien y las tendencias evolucionen, ‘Joya’ permanecerá eternamente en mi corazón, recordándome siempre los preciados momentos de mi infancia y los recuerdos de mis seres queridos. Cada vez que lo uso, es como un viaje en el tiempo a aquellos días llenos de amor y alegría.
Esta fragancia con aire de antaño, auténticamente española, me hace soñar con los años 50 y 60 cada vez que me la pongo. Es una obra maestra con mucha profundidad y detalles en su composición. Me transporta directamente a la sensación de Opium eau toilette, especialmente su última versión. Al olerla, el clavel y la canela dominan totalmente, mientras que la vainilla se queda en un sutil segundo plano. Me sorprende que, a pesar de ser de España, se aparte del típico perfume ligero, suave y floral del país.
Me ha costado encontrar esta colonia, pero gracias a una chica cuya abuela la usaba y le parecía demasiado fuerte, he podido adquirirla a un precio casi simbólico. Venía en un estuche con un jabón perfumado que ya se encuentra entre mis sábanas. El tiempo ha sido indulgente con ella y aún puedo vislumbrar la fragancia que mi madre usaba los domingos y fiestas de guardar. Para diario usaba Vanderbiltz y ésta la guardaba para ocasiones especiales. Una preciosa explosión de aldehídos estalla en mi cara al aplicarlo por primera vez, percibiendo frescos trazos de bergamota y mandarina. Momentos después percibo la pulcritud de las azucenas, jazmín, ylang-ylang y un picantito clavel. Poco a poco van apareciendo las notas de fondo, una preciosa vainilla levemente atalcada con destellos de benjuí, canela y una aromática haba tonka, que la configuran como una fragancia cálida, radiante y llena de luz. Su aroma es intenso y dulzón. Muy clásico y femenino. Un olor fresco y refinado. Una fragancia atemporal, que me hace retroceder al pasado, cuando era niña y que estoy segura, perdura en la memoria de todos los que han tenido la dicha de percibirla aunque sea sólo una vez. Recuerdo que perduraba muchísimo, ya en la ropa ni os cuento. Mi madre cogía su tarrito, que no llevaba atomizador, y ponía su dedo índice en el cuello de la botellita y sólo con apenas unas gotas, lo pasaba por los lóbulos de sus orejas, cuello, escote y muñecas. Ese era su ritual. Yo ya sabía que ese día íbamos a misa, al paseo marítimo y a comer a una venta, y tantas veces como la abrazara, estaría percibiendo ese cálido aroma que se mezclaba con el de su cuerpo durante todo el día. Aún hoy en día, me la he aplicado y me ha durado más de 5 horas en mi piel. Para toda época, excepto en días más calurosos de verano. Era una fragancia muy asequible y la comprábamos en la única droguería que había en el pueblo, en aquellos años. Su frasco me parecía precioso. Una botella de cristal bastante gruesa y pesada, tallada en forma de diamante y que yo celósamente guardaba una vez vacío, para poder olerla cada vez que la destapaba. Tenía diversas presentaciones: con un atomizador en forma de pompón, con pañuelos o con jabones. En estuche o en cajas forradas de raso. Era una fragancia muy popular, al igual que sus hermanas, Maderas de Oriente, Embrujo, Maja, Tabú… una fiebre aromática oriental que sacudió a España de arriba a abajo en aquellos tiempos. Me ha encantado reencontrarme con ella. Una auténtica gozada. Llevo unos días disfrutándola, ya va bajando el frasco, así que la pondré en mi estantería de objetos preciados y preciosos, esperando me dure toda la vida…
Recuerdos de mi niñez, fragancia de mi amada abuela Trinidad que ya no está en mi vida pero sí en mi corazón. JOYA y FARALA eran sus fragancias favoritas y mi pituitaria aún recuerdan esos aromas que tanto me hacen pensar en ella.
Tengo un frascito de mi abuela que guardo con mucho cariño. Su Anouk y su Joya siguen ahí y me recuerdan a ella. Se nota que Joya quería ser una versión más económica del Nº5, pero mira, no tiene nada que envidiarle. Es más fresca y ligera, con un toque cítrico riquísimo. El ylang-ylang está en el centro y, considerando que mi frasco tiene más de 40 años… se ha conservado genial, así que las materias primas siguen siendo de primera. Vintage, clásica, preciosa y buenísima. Anouk era para todos los días y Joya para ocasiones especiales. Un beso, abuela.
Maravillosa. Me crié escuchando lo mal que olía Joya, lo mareante y vulgar que era. A mí siempre me fascinó. Además, todas las mujeres mayores que conocí tenían su frasquito en el tocador. No hay nada mejor que andar por la calle en invierno, con el aire frío, y sentir un buen aire a Joya multiplicado por cuatro o cinco ancianas que salen de misa o van a tomar un café con leche a media tarde. Es un aroma adorable, maternal, femenino y delicado. Para mí Joya huele a manos de mujer mayor, trabajadas pero suaves por la crema de noche, a guisos deliciosos, a chimeneas encendidas, a Navidad, a ropa de toda la vida bien planchada y limpia, a una foto antigua con dedicatoria, a dormir con los ángeles. Un perfume humilde y maravilloso, olor a familia.
Para mí ‘Joya’ es sinónimo de nostalgia. Cuando mi madre tenía 14 años se marchó a trabajar a Barcelona, junto con su hermana mayor, para ayudar a mi abuela. Allí encontró trabajo en una perfumería, al amparo del matrimonio que regentaba la tienda. Cuando varios años después pudieron regresar, los dueños de la perfumería regalaron a mi madre una ‘Joya’ de Myrurgia de 200 ml. Desde ese momento, ese perfume pasó a formar parte de la historia de las mujeres de mi familia, sobre todo de la historia de mi madre y de mi abuela. Hace un año y poco pude hacerme con un estuche de esta ‘Joya’. Quedé impresionada al comprobar que todavía conservaba su fragancia intacta. Adoro su aroma jabonoso y señorial. Es elegante, femenina y preciosa. Para los gustos olfativos actuales, puede que este perfume esté desactualizado y resulte extremadamente vintage, pero a mí me encanta. Siempre estará conmigo… siempre estará en mis recuerdos de infancia… y siempre me acompañará cuando necesite volver la vista atrás. Con tan solo unas gotas en mi muñeca, me transporta a tiempos maravillosos y lejanos.
Joya de Myrurgia es probablemente la colonia femenina española más llorada tras la desaparición de esta casa que hizo auténticos best-seller accesibles durante un siglo. Joya es una fragancia envolvente vintage. Más que seducir, impregna el aire con un beso fraternal. Su armonía y delicadeza residen en su cotidianidad. Nuestras madres o abuelas la usaban para vestirse elegantemente. Era un perfume al que todas podían acceder y de calidad por encima de su precio, como casi todas las obras de Myrurgia, empresa absorbida por Puig. La mujer que la use, aunque ya no se consigue en tienda, sentirá la intemporalidad de una fragancia que se alza sobre las modas para glorificarse con su aura cautivadora. Un diamante pulido de antaño que sigue teniendo el imán de una época donde portar perfume era insignia de carisma y fidelidad a un aroma.
El olor de mi abuela, pero si tuviera que elegir entre los fruitichuches de moda y este, sin duda me pondría Joya. Me gusta si me pongo poquita, me resulta agradable ahora que hace frío.
Mítico, mitiquísimo, uno de los clásicos de la perfumería española, el perfume de nuestras yayas e incluso de las madres de nuestras yayas. Fuerte, entre adictivo y repulsivo, olor a viejuno pero en el mejor sentido.
A mí este perfume me ha gustado siempre, es una pena que haya desaparecido definitivamente, es algo que no entenderé jamás. Tenía sus fieles clientas de toda la vida y gustaba a la siguiente generación que seguramente lo hubiesen comprado, unas habitualmente, otras aunque fuese de vez en cuando y otras por pura nostalgia, y estoy segura que rápidamente hubiesen ganado nuevas adeptas como ha pasado con Tabú y ahora con Maja, que solo por la presentación ya apetece tenerlo y luego lo usas y te gusta. La mujer que usaba Joya no era como la que usaba Tabú o Maderas de Oriente, que tenían otro perfil más moderno. A mí Joya me huele a las mujeres de la España profunda, a las señoras mayores y no tan mayores, vestidas con el atuendo de una época oscura, todas iguales, como si de un uniforme se tratase, como si quisieran transmitir algo, pertenecer a algo, reivindicar algo o reconocerse y comunicarse entre ellas como iguales, en silencio o como si quisieran todo eso a la vez y contar una historia, la de una guerra que no podían olvidar. Y aún viviendo en pleno centro de la ciudad, el vestuario era el mismo que el del pueblo más recóndito de España, y es que la guerra y la posguerra las habían convertido en iguales, mujeres duras y austeras. Eran lo más parecido a lo que hoy llamamos una ‘tribu urbana’, con la iglesia como lugar de reunión en sus pueblos o sus barrios. Vestían todas de riguroso y eterno luto porque todas tenían algún familiar fallecido o desaparecido; no tenía que ser necesariamente luto al marido. El atuendo: un vestido totalmente negro o falda y rebeca, largo hasta media pierna, siempre con su delantal negro encima, de esos a la cintura sin peto, con un bolsillo oculto, cerrado con cremallera, de dónde sacaban las monedas de cinco y diez duros que repartían a sus sobrinos y nietos los domingos; medias negras de algodón tupidas, alpargatas o zapatos planos tipo zapatillas de estar por casa negros, pelo blanco, recogido en un moño alto de rosca, muy característico. La única nota de color la ponía un pañuelo al cuello estampado en tonos apagados, prendido con un camafeo. El ‘uniforme’ era igual para ricas y pobres, la diferencia estaba en las joyas que lucían los domingos para ir a misa: las más pudientes lucían pendientes de perlas, collar de perlas, una media caña de oro o una pulsera con monedas de oro colgando, isabelinas y/o Alfonsinas y la sortija de pedida; las menos pudientes su alianza, su pulsera, sus pendientes de oro y las perlas Majorica que compraban a esas mujeres que vendían joyas a plazos y a confianza puerta por puerta porque entonces la palabra valía. Salían a la calle a su antojo sin que nadie las señalara, eran de las pocas mujeres realmente dueñas de su vida y ahí iban ellas con el monedero bien sujeto debajo del brazo, paseando perfumadas con Joya. Las más mayores con un bastón con el puño de plata y las iniciales grabadas; lo necesitaran o no, el bastón no les faltaba; era parte del atuendo; yo siempre he pensado que lo llevaban por si tenían que zurrarle a alguien y es que eran mujeres de armas tomar, como su perfume. Mi abuela paterna era así, el prototipo perfecto de mujer Joya, vamos de libro de historia y fue toda su vida fiel a su atuendo y a su perfume. Recuerdo que era un perfume asequible a todos los bolsillos, la botella facetada como una gema, la fragancia fuerte, floral, picante y muy duradera porque olía desde el abrazo de por la mañana cuando llegaba el domingo a su casa con mis dieciséis primos hasta el abrazo de despedida a las diez de la noche. Su habitación y su cuarto de coser olían a Joya y cuando pasaba cerca mío sentía su estela, era un perfume poderoso como ella, una mujer de un metro ochenta, ojos azules transparentes, la mirada fría que parecía que te podía leer el pensamiento. Me acuerdo perfectamente de su olor, mis primas y yo entrábamos a hurtadillas a su habitación y allí estaba el frasco de Joya encima de su tocador sobre una fuente de porcelana junto al tarro de crema Pons y un joyero de madera y nacar, todo muy bien dispuesto. Nos encantaba ponernos unas gotitas y mi abuela siempre hacía como que no se daba cuenta. Años después me di cuenta que Joya había marcado mis gustos olfativos más de lo que yo pensaba, de hecho compartía con mi perfume preferido, Fendi, catorce notas: Bergamota, mandarina, limón, aldehídos, clavel, rosa, ylang-ylang, muguet, sándalo, especias, haba tonka y almizcle. Hasta hace unos años tuve un frasco pequeño con el que jugaban mis hijas, hasta que se perdió, lo he querido comprar pero nunca lo he encontrado a un precio coherente. Ojalá lo volvieran a sacar tal cual era, siempre habrá quien sepa valorarlo, yo la primera.
“Anoche soñé que volvía a Manderley”. Siempre recuerdo a Carmen y mis vacaciones veraniegas de pequeño en el pueblo de mi madre. Era una mujer madura de rompe y rasga, que me recordaba a la estanquera de ‘Amarcord’ de Fellini, con su jersey de angorina rosa ajustado a sus abundantes carnes. Carmen era maternal y risueña; segura de sí misma y ‘echá pa’lante’; feminista a su estilo; independiente y soltera por vocación; deseosa de llamar la atención de los hombres pero sin pasar a mayores, por pura coquetería. Yo conocía la flor de su secreto, de su único amor imposible hacia un hombre casado del pueblo y a quién se mantuvo fiel toda su vida, al contrario que el señor en cuestión, que era un picaflores de no-te-menees (y al que yo aborrecía tanto como Carmen lo amaba). Me encantaba aquella mujer que desprendía sexualidad y maternalidad, sin practicar ninguna de las dos cosas. Tampoco creo que fuera una reprimida; simplemente había hecho una elección y la respetaba a rajatabla. Recuerdo haber entrado de pequeño varias veces en su casa y haber visto el frasco de JOYA de MYRURGIA, encima de un pequeño tapete redondo de ganchillo blanco que había tejido ella misma como reposa-JOYAS. Lo usaba los domingos y fiestas de guardar y la estela que dejaba a su paso era inconfundible. Otras mujeres del pueblo usaban el mismo perfume, pero a ninguna le olía JOYA como le olía a Carmen. Los perfumes no huelen igual en todas las personas y para que JOYA oliera a JOYA, tenías que ser Carmen. Más tarde conocí a CHANEL Nº5 y me di cuenta que JOYA fue nuestro Chanel Nº5 de posguerra. Pero también luego me he dado cuenta de que JOYA funcionaba por sí mismo. Si repaso las notas de ambos perfumes, las similitudes son tremendas. Ambos son la quintaesencia de un Chipre Floral Aldehídico de los que ya no se fabrican. La explosión aldehídica de ambas fragancias es proverbial. Mi amor por los aldehídos viene, sin duda alguna, de Carmen y de JOYA. La potencia cítrica que seguía a los aldehídos también es similar en ambas: bergamota, naranjas y limones amargos y afilados. Pero la apoteosis floral sólo es posible encontrarla en un perfume de síntesis: la naturaleza no posee aromas de esta envergadura, que hasta a los insectos asombraría. Rosa, ylang-ylang, jazmín, azucena, muguet y clavel, componen un ramillete condensado tan intenso que una noche de pasión bajo sus efluvios debe dejar inconsciente al más experto de los amantes. La intensidad chipre reforzada por la benzoína, los clavos de olor, el vetiver, el musgo, el pachuli y el ládano, le confieren un fondo donde reposan los intensos aromas florales como reposan las pasiones tras el éxtasis amatorio. Cuando regreso al pueblo entre tinieblas, escucho el rumor de unos tacones lejanos, y giro sobre mis pasos, esperando encontrarme nuevamente con Carmen y su inconfundible e intenso aroma.
Espartaco y Chelo 1: Se siente como si vuestras palabras salieran de ese rincón del corazón que guarda los recuerdos más tiernos e imborrables. ¡Enhorabuena!
He podido catarlo porque mi pareja tiene un frasco por ahí abandonado en su casa. La salida no me gusta nada, es un jabonoso herbal demasiado almizclado, lo que se suele conocer coloquialmente como ‘olor a abuelo’. Sin embargo, según seca, ganan protagonismo los ámbares dulces, las flores aldehídicas, todo muy líquido, muy meloso, muy fluido y muy equilibrado. También tienen presencia unas sutiles especias cálidas que lo hacen un perfume muy reconfortante. No me vuelve loco pero creo que es resultón, y me gusta mucho el tipo de vainilla que aparece aquí, que es marcadamente amarga y medicinal.
JOYA Myrurgia: Las joyas perduran, pero esta JOYA DE MYRURGIA se fue al baúl de los recuerdos… Ojalá algún día vuelva a salir. El frasco, de entrada, parece una gema amarilla tallada; el color del sol y los campos de trigo, el paisaje de mi infancia en Castilla. No la usé, pero formó parte de mi vida. Esos días de fiesta, con mis campos de trigo y amapolas. Recuerdo a mi madre los domingos maquillada a los 70, con el pelo cardado y perlas al cuello. Vistiendo un traje chaqueta verde botella, bellísima, con ese gesto al pintarse los labios de carmín. Yo la miraba al fondo del espejo sabiendo que el final del ritual sería su perfume, su JOYA definitiva. Mayo/18: Amplío reseña: Recientemente conseguí un tester del EDT. Estoy encantada. Por fin yo también la podré usar. La reservo para atardeceres y noches de otoño e invierno. Su aroma me envolverá suavemente en un manto cálido. También compré otro frasco para mi madre y le robé una sonrisa al regalársela.
Esta colonia vintage made in Spain te transporta a otras décadas, yo diría años 50 o 60. Bien trabajada, elaborada y con una escala piramidal más bien compleja. Me recuerda un montón a Opium Eau Toilette, la nueva reformulación. En sus notas sale bastante el clavel y la canela a toneladas, la vainilla casi no es perceptible. No parece para nada un perfume español en el que es más crítico, suave y floral.
Gracias a ti por recordarnos tantas cosas…
Para mí este perfume transporta a otras décadas. Elegante y con una gran estela trabajada y elaborada. Hace varios años descubrí que en la casa de mis abuelos, aún mantenían varios frascos de 200ml y quedé impresionada al comprobar que mantenía su fragancia intacta. Adoro su aroma jabonoso y señorial. Si a alguien le interesa, dado que personalmente es un grato aroma a nostalgia, tenemos uno reservado para su venta dado que para toda mi familia importa nos quedamos con el resto como joyas en casa.
Es el olor de mi abuela. Si tuviera que elegir entre ponerme esos perfumes de frutas de moda o este, sin duda me pondría Joya. Me gusta si me pongo poquita, me resulta agradable ahora que hace frío.
A mí este perfume me ha gustado siempre, es una pena que haya desaparecido definitivamente, algo que no entenderé jamás. Tenía sus fieles clientas de toda la vida y gustaba a la siguiente generación que seguramente lo hubiesen comprado, unas habitualmente, otras aunque fuese de vez en cuando y otras por nostalgia; estoy segura que rápidamente hubiesen ganado adeptas como pasó con Tabú y ahora con Maja, que solo por la presentación ya apetece tenerlo y luego lo usas y te gusta. La mujer que usaba Joya no era como la que usaba Tabú o Maderas de Oriente, que tenían otro perfil más moderno. A mí Joya me huele a las mujeres de la España profunda, a las señoras mayores y no tan mayores, vestidas con el atuendo de una época oscura, todas iguales, como si de un uniforme se tratase, como si quisieran transmitir algo, pertenecer a algo, reivindicar algo o reconocerse entre ellas como iguales, en silencio o como si quisieran todo eso a la vez y contar una historia, la de una guerra que no podían olvidar. Aún viviendo en pleno centro de la ciudad, el vestuario era el mismo que el del pueblo más recóndito de España, y es que la guerra y la posguerra las habían convertido en iguales, mujeres duras y austeras. Eran lo más parecido a lo que hoy llamamos una “tribu urbana”, con la iglesia como lugar de reunión. Vestían todas de riguroso y eterno luto porque todas tenían algún familiar fallecido o desaparecido; no tenía que ser necesariamente luto al marido. El atuendo: un vestido totalmente negro o falda y rebeca largo hasta media pierna, siempre con su delantal negro encima, de esos a la cintura sin peto, con un bolsillo oculto, cerrado con cremallera, de dónde sacaban las monedas de cinco y diez duros que repartían a sus sobrinos y nietos los domingos; medias negras de algodón tupidas, alpargatas o zapatos planos tipo zapatillas negros, pelo blanco recogido en un moño alto de rosca, muy característico. La única nota de color la ponía un pañuelo al cuello estampado en tonos apagados, prendido con un camafeo. El “uniforme” era igual para ricas y pobres, la diferencia estaba en las joyas que lucían los domingos para ir a misa: las más pudientes lucían pendientes de perlas, collar de perlas, una media caña de oro o una pulsera con monedas de oro colgando, isabelinas y/o Alfonsinas y la sortija de pedida; las menos pudientes su alianza, su pulsera, sus pendientes de oro y las perlas Majorica que compraban a esas mujeres que vendían joyas a plazos y a confianza puerta por puerta porque entonces la palabra valía. Salían a la calle a su antojo sin que nadie las señalara, eran de las pocas mujeres realmente dueñas de su vida y ahí iban ellas con el monedero bien sujeto debajo del brazo, paseando perfumadas con Joya. Las más mayores con un bastón con el puño de plata y las iniciales grabadas; lo necesitasen o no, el bastón no les faltaba; era parte del atuendo; yo siempre he pensado que lo llevaban por si tenían que zurrarle a alguien y es que eran mujeres de armas tomar, como su perfume. Mi abuela paterna era así, el prototipo perfecto de mujer Joya, vamos de libro de historia, y fue toda su vida fiel a su atuendo y a su perfume. Recuerdo que era un perfume asequible a todos los bolsillos, la botella facetada como una gema, la fragancia fuerte, floral, picante y muy duradera porque olía desde el abrazo de por la mañana cuando llegaba el domingo a su casa con mis dieciséis primos hasta el abrazo de despedida a las diez de la noche. Su habitación y su cuarto de coser olían a Joya y cuando pasaba cerca mío sentía su estela, era un perfume poderoso como ella, una mujer de un metro ochenta, ojos azules transparentes, la mirada fría que parecía que te podía leer el pensamiento. Me acuerdo perfectamente de su olor, mis primas y yo entrábamos a hurtadillas a su habitación y allí estaba el frasco de Joya encima de su tocador sobre una fuente de porcelana junto al tarro de crema Pons y un joyero de madera y nacar, todo muy bien dispuesto. Nos encantaba ponernos unas gotitas y mi abuela siempre hacía como que no se daba cuenta. Años después me di cuenta que Joya había marcado mis gustos olfativos más de lo que yo pensaba, de hecho compartía con mi perfume preferido, Fendi, catorce notas: Bergamota, mandarina, limón, aldehídos, clavel, rosa, ylang-ylang, muguet, sándalo, especias, haba tonka y almizcle. Hasta hace unos años tuve un frasco pequeño con el que jugaban mis hijas, hasta que se perdió, lo he querido comprar pero nunca lo he encontrado a un precio coherente. Ojalá lo volvieran a sacar tal cual era, siempre habrá quien sepa valorarlo, yo la primera.
Fue el perfume de mi madre por años, me acercaba a su tocador y olía todos los frasquitos. Supongo que el recuerdo que tengo ya no será real, una pena.
Tengo un pequeño frasco de mi amona y lo conservo con muchísimo cariño. Su Anouk y su Joya quedaron y yo la recuerdo mediante esos dos aromas. Se nota mucho que Joya tenía aspiraciones de ser una versión del Nº5 más accesibles y económica pero oye, no tiene nada que envidiarle. Es más fresca y ligera, un puntito cítrico muy rico. El ylang ylang también está ahí en pleno centro y bueno, teniendo en cuenta de que mi frasco probablemente tenga 40 años o más… se ha conservado estupendamente así que aquí hay buenas materias primas. Vintage, clásica, preciosa y buenísima. Anouk era para todos los días y Joya la usó en ocasiones especiales. Un beso amona.