Para hombres
Boston Man Antonio Puig
Acordes principales
Descripción
Descubre la esencia que redefine la masculinidad contemporánea con "Boston Man" de Antonio Puig. Este perfume, ideal para el hombre moderno, combina a la perfección notas herbales y amaderadas con matices cítricos y acuosos, ofreciendo una fragancia refrescante y distintiva. Al primer contacto, se despliega una frescura vibrante gracias a los cítricos, preparando el escenario para una experiencia olfativa única. A medida que se asienta en la piel, las notas herbales toman protagonismo, evocando la sensación de un paseo por un bosque lluvioso al amanecer. Las notas amaderadas añaden profundidad y cuerpo, creando un aura de sofisticación y calidez, mientras las notas acuosas envuelven la atomización con una sensación de pureza y revitalización.
"Boston Man" de Antonio Puig, es más que un perfume; es un viaje sensorial que encapsula la esencia de la naturaleza y la aventura. Su equilibrado abanico de aromas lo convierte en la opción perfecta para el hombre que desea expresar su fuerza y elegancia de forma sutil, pero impactante. Ideal tanto para el día a día como para ocasiones especiales, esta fragancia dejará una impresión memorable allá donde vayas.
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Recuerdo esos días de juventud con mi grupo de amigos, siempre listos para explorar la noche. Uno de nuestros rituales más memorables era mirar cómo uno de nosotros, al que cariñosamente llamábamos ‘Blacky’, se ponía su esencia favorita, Boston splash, justo antes de salir. Era nuestro amuleto de la suerte, nuestro secreto compartido para sentirnos invencibles. Incluso hoy, me saca una sonrisa recordar cómo adoptamos las fragancias de los más grandes, buscando en ellas un distintivo de madurez y estilo propio. Mi hermana me había regalado Agua Brava, que reservaba para ocasiones especiales, mientras otro amigo prefería Maximo Dutti. Nos sentíamos protagonistas de nuestra propia aventura, sin importar la edad, llevando orgullosamente los aromas de aquella época. Ahora, a mis 40, no puedo evitar mirar atrás con nostalgia a aquellos días. Las colonias, más que un accesorio, eran nuestra forma de declararnos listos para enfrentar el mundo, aunque en realidad, probablemente estábamos tratando de impresionar más que a nadie, a nosotros mismos y a esas primeras personas que se atrevieran a acercarse. Reconocer eso me hace valorar aún más esos momentos de anticipación y camaradería. Hace poco, conseguí Boston de Puig de nuevo, una colonia que ya no se fabrica, pero cuyo aroma me remonta a esos días llenos de sueños y posibilidades. Incluso conseguí otra botella de Agua Brava, que aunque ha cambiado un poco con el tiempo, sigue teniendo ese poder único de llevarme de vuelta a momentos llenos de esperanza y compañerismo. Un recuerdo, como el aroma de un buen perfume, que persiste y perdura con el tiempo.
Recién me sumergí en un aroma que me transportó directamente a las aulas de mi infancia en España, allá por los tardíos años 80. Parecía que este aroma lo llevaba todo el mundo en aquel entonces, una verdadera sensación. Esta colonia redefine lo que significaba oler bien antes de que los aromas ‘acuáticos’ se hicieran populares. Es un perfume que captura la esencia de aquellos días con una ‘frescura’ muy propia de esa época, matizada con sutiles notas de madera y el dulzor de las coníferas, sin rastro alguno de notas acuáticas. Al abrir una cajita que conservaba desde 1988, no pude evitar rememorar cuántas veces había percibido este aroma en mi preadolescencia. Aunque no sea el perfume más sofisticado, ya que realmente era más un aroma común de la época, intentaba emular a Azzaro pero siendo más asequible para el público joven o estudiantil. Su intensidad y persistencia son moderadas. Puntuación: 8 de 10.
¡La fragancia es increíble, realmente me encanta! Antonio Puig nunca decepciona con sus perfumes. Tiene ese toque de madera, especias, ámbar y Oud que le da un aroma único. Me recuerda a esos años dorados de los 70 y 80 donde los perfumes tenían un carácter especial.
Tengo que compartir aquí mi experiencia porque parece que Boston Girl no se menciona mucho. Arranco comentando que Boston Man siempre me pareció increíble para lo que costaba. Quizás no sea la más imparcial, porque mi padre lo usaba con frecuencia, aunque se suponía que era para una audiencia más joven. Sin embargo, le venía de maravilla.
Boston Girl apareció un poco después que Boston Man, allá por los inicios de los 90, y vaya que era una delicia su aroma. Los perfumes florales de esa década tenían algo especial, y este no era la excepción; era floral sin caer en lo cursi, ligeramente frutal y muy fresco. Te hacía pensar en una abundante melena lavada y secada al sol, meciéndose con la brisa de verano. Comenzaba con notas de cítricos y melón, después se adentraba en lo floral con toques de azahar, jazmín y nardos, para cerrar con almizcle, madera y un poco de coco. En cuanto al diseño, era una versión más femenina del frasco de Boston Man, con curvas suaves y un tono salmón. Quizás no el más impactante a primera vista, pero definitivamente, lo importante estaba en su interior. Se lo regalaron a una amiga —claramente pensado para el público joven, pero era tan bueno que no dudaría en usarlo hoy día—. Yo me quedé totalmente prendada de él, tanto que terminé comprándome una botella en secreto que nunca usé delante de ella. Por el precio que tenía, era increíble pensar que pudiera oler tan bien. No sé si es que ya no sé buscar o si ya no se hacen hallazgos así entre lo más económico.
Sin lugar a dudas, mi perfume favorito de siempre.
Es una mezcla perfecta: huele a limpio, con toques de hierbas y cítricos.
Una verdadera lástima que ya no lo fabriquen…😞
Excelente colonia, súper agradable. Antonio Puig es una excelencia en sus fragancias. El amaderado, aromático, oud, ambarado, fresco especiado, balsámico… La década prodigiosa de las colonias y perfumes de los 70/80.
Una colonia extremadamente agradable que me recuerda a clases de EGB y que me da que todo el mundo llevaba de manera masiva por España a finales de los 80. Otra manera de entender el ‘oler bien’, cuando no se sabía qué eran los acuáticos. Una colonia ‘fresca’ a la manera de finales de los 80, con notas de madera y coníferas, suaves y dulces. No tiene nada ‘acuático’ por ninguna parte. Tengo una cajita de 1988 y en cuanto la he oído me he dado cuenta de la cantidad de veces que olí esto cuando tenía entre 10 y 14 años. No muy refinada, a fin y al cabo era una colonia ‘de barrio’, tratando de ser algo parecido a Azzaro pero más accesible para gente joven o en edad escolar. Proyección y duración moderadas. Nota: 8/10
La usaba un amigo mío cuando éramos muy jóvenes. Siempre que íbamos a su casa a buscarle para salir a la ciudad a divertirnos, agarraba su frasco de Boston Splash y se ponía unas gotas en el cuello. Era como un ritual. Los demás aguardábamos el momento clave, justo antes de que cogiera sus llaves para salir de casa… Nosotros siempre le soltábamos el mismo chiste y él sonreía: ‘Blacky venga, ahora tu Boston que es el secreto de tu éxito’. Me hace gracia que aquel grupo de amigos post-adolescentes usábamos las colonias que usaban nuestros mayores. Mi hermana me regaló Agua Brava que me duró mucho tiempo, usándola solamente para salir fines de semana. El otro amigo usaba Massimo Dutti casi siempre, y allí íbamos los tres a desafiar los rincones de la ciudad con nuestras fragancias de la época de los 90 más usadas, sin distinciones de edad. ¡¡Cómo no añorar aquellos años ahora que uno ya es un no tan joven de 40!!. Sería bonito poder ver aquellos momentos tan marcados en nosotros una vez más. Cosas simples como ponerse la colonia para salir como el que va a una guerra… las chicas eran el enemigo? no creo, éramos nosotros mismos tratando de impresionarlas solo por llevar colonias de Antonio Puig como arpones de olor. Y allí estábamos en el bar, esperando en un rincón sin bailar a ver cuál era la primera en atreverse a pedir algo, fuego, la hora, un beso. Fue lo nuestro una rutina de paciencia y fe que jamás después en nuestra juventud adulta volvimos a tener ninguno. Es bueno darse cuenta en el tiempo de que lo que buscábamos nosotros no íbamos a encontrarlo en los bares de salida del fin de semana. Pero lo importante al fin y al cabo, era que estábamos juntos, en la aventura de estar viviendo la antesala de lo que pronto después sería la vida del adulto, con todas sus responsabilidades. Boston de Puig, la busqué hace poco tiempo hasta encontrarla como colonia descontinuada. El olor se mantiene igual que lo recordaba. Ha sido una manera de volver a ese momento y calmarme de nostalgia. De la misma manera adquirí Agua Brava y las uso por las noches en casa. Su aroma ahora es más flojo que entonces (presa de la reformulación), pero sigue siendo mi Agua Brava, la que me ponía generosamente en el cuello cada noche para salir de casa, pensando en aquellos sueños de los que algunos se convirtieron en realidad. Reedito: El mismo año 89 en el que nació Boston, salía a la luz Tsar, un perfume de la casa Van Cleef. El secado de Tsar huele igual que Boston durante todo su desarrollo más o menos lineal…
Mi fragancia comercial número uno de todos los tiempos. Angelical, fresca, herbal y cítrica. Qué pena que la hayan tirado…🥺
Voy a dejar esta reseña porque no la encuentro en Fragrantica bajo Boston Girl. Primero, decir que Boston Man me parecía fantástica para su precio, aunque quizás no soy muy objetiva porque la usaba mucho mi padre, a pesar de estar hecha para un público más joven. El caso es que le quedaba bien. Boston Girl nació un poco más tarde, a principios de los 90, y madre mía, qué bien olía. (Qué bien olían en general los florales de los 90). Era floral, pero nada ñoña, un poco frutal y bastante fresquita. Olía como una cabellera frondosa recién lavada y secada al sol, ondulando bajo una ligera brisa de verano. Salía con cítricos y melón, luego se tornaba floral a base de azahar, jazmín y nardos para finalizar con un poco de almizcle, madera y coco. El frasco era una feminización del de Boston Man, con líneas redondeadas y colores asalmonados; no era espectacular, no, pero en su caso se hacía cierto lo de que la belleza está en el interior. Se lo regalaron a una amiga mía —estaba claramente enfocada a un público joven, aunque era tan buena que yo me la seguiría poniendo hoy en día— y yo, que me enamoré perdidamente de ella, compré a escondidas un frasco que nunca gasté en su presencia. Con un precio que daba la risa, no podía ni imaginarme que aquello fuera a oler como olía, de maravillas. O es que ya no busco bien o es que ya no se encuentran entre las baratijas joyas de aquel calibre.